sábado 18 de julio de 2009

violame hermanito

Lo que empezó como una violación, se convirtió en lo más hermoso de mi vida. Hoy en día, las constantes cogidas con mi hermano se repiten varias veces por semana hasta el grado de no importarme lo que pueda pasar en un futuro.

Soy una muchacha de 19 años recién cumplidos pero vivo mi juventud a toda intensidad. Desde que era chica, a escondidas, por las noches en mi cuarto, me frotaba la vulva sintiendo una muy agradable sensación que siempre culminaba con las confundidas ganas de orinar que tiene toda chica cuando experimenta por primera vez esa sensación tan rica llamada "orgasmo".

Siempre desee que llegara el hombre de mis sueños y me robara mi virginidad. Nomás imaginaba como sería el órgano viril de mi futuro amante y me llenaba de un incesante cosquilleo en la entrepierna que siempre terminaba saciando con mis dedos. Creo que me imaginaba un pene grueso y grande pero créanme cuando les digo que el pene de mi hermano supero todas mis expectativas.

Así crecí, soñadora, ilusa y llena de curiosidad por saber en donde se encontraba el hombre tan anhelado. Pronto llegó la secundaria y con ello llegaron mis primeros novios. Con ellos aprendí los placeres del cachondeo y vinieron mis primeros agasajos sexuales. Aquí fue cuando vi los primeros penes de mi vida y aprendí a mamarlos hasta tener el completo dominio de su poseedor. Debo reconocer que aunque ninguno de ellos me lleno la pupila, los primeros que vi me parecieron bastante lindos y encantadores. Sobre todo me gusto la sensación de tenerlos en la boca. Era incomparable sentir como algo tan suave y chico podía convertirse en duro como un fierro y grande como un tronco en tan pocos segundos.

Pasaron los años, yo seguí fajando con mis novios; chupándoles el pito y dejándoles mamar mis senos que aunque eran dos escasas montañas bien sabía lucirlos. Esto, aunado a que era de las pocas chicas de la clase que tenía tetas para ese entonces me hacía de las chicas más atractivas del salón.

Pronto, los chicos de mi edad dejaron de interesarme y mis ojos se fijaron en chicos mucho mayores que yo. Fue así que mi virginidad se la entregué al maestro de química a cambio de que me permitiera seguir en su clase (me había corrido por ser una chica conflictiva), y de una buena nota claro.

La verga del profesor era mucho más grande que la de mis compañeros que para ese entonces eran pubertos inmaduros que se vaciaban en un abrir y cerrar de ojos. No así mi maestro que se mostraba como todo un buen hombre maduro, enseñándome lo que era mamar una verga por varios minutos que me parecían una eternidad y en los que siempre terminaba adolorida de la quijada y mi maestro como si nada. Después de esto, mi maestro me colocaba sobre la mesa del laboratorio, alzaba mi falda tableada del colegio, me bajaba las pantaletas hasta los tobillos y separándome las piernas lo suficiente, me dejaba ir su tremendo vergón que me arrancaba escandalosos gemidos que casi siempre se confundían con el ruidoso estéreo del maestro que muy habilidoso ponía antes de casa sesión sexual.

A partir de las cogidas con el maestro, me he dejado coger por todos mis novios sucesores, que no fueron pocos, pero ninguno de ellos tenía el pito como el de mí maestro a quien después de terminar la secundaria seguía visitando de vez en cuando para que me diera una buena cogida. En pocas palabras me volví una adicta a la verga y ya no podía vivir sin una. Pero lo peor sucedió cuando en plenas vacaciones a mis padres se les dio por castigarme sin salir de la casa. Llevaba más de una semana encerrada y aún no se veía para cuando mis padres me levantarían el castigo cuando sucedió lo impensable.

Una mañana, me dirigía al baño cuando de pronto escuche que alguien estaba adentro. La puerta del baño estaba entreabierta por lo que pensé que mi mamá estaba en el baño, ya que ella siempre acostumbraba a dejarla abierta, y no vi nada malo en ir a cepillarme el pelo mientras ella terminaba de asearse. Cual fue mi sorpresa al ver que no era mi madre sino mi hermano quien se encontraba de pie orinando. Pero eso no fue lo peor. Y digo lo peor pero para la moral pues en ese instante pude verle claramente la verga y creo que desde ese entonces creí en el amor u obsesión a primera vista.

Su verga era de un tamaño excepcional. Nunca antes había visto una así. Aun cuando se encontraba en plena flacidez, era terriblemente encantadora y atractiva para mis ojos que bien abiertos contemplaban, casi sin creer, aquél pedazo de carne irresistible que colgaba de su entrepierna de una manera apantallante para cualquier mujer. Lo único que pude pensar era que si así la tenía dormida como sería cuando estuviera bien parada.

Mi hermano siempre se caracterizó por ser un muchacho bastante alto y de complexión fuerte. Era 5 años mayor que yo pero ya toda la familia le temía por sus arranques violentos e impulsivos. Incluso papá siendo el tronco de la familia le tenía miedo y nunca se atrevía a contradecirle en nada. El único que le había contradecido era mi abuelo al que, aún cuando mi hermano era bastante joven en aquel entonces, terminó golpeando hasta mandarlo al hospital. Por supuesto que nadie dijo nada. No se si por miedo a mi hermano o por el escándalo social al que hubiera estado sujeta la familia.

El chiste es que desde niño podría decirse que mi hermano estaba acostumbrado a imponerse y obtener lo que quisiera con sólo hacerse el enojado. Incluso se decía que a una prima mía, casi de mi misma edad, la había violado en una navidad. Por supuesto que mis tíos, después de eso, le pidieron a mis padres que hablaran con mi hermano para averiguar si se trataba de un mal entendido pero mis padres por miedo a que mi hermano se descontrolara prefirieron romper lazos con mis tíos haciéndose los indignados ante tal "difamación".

Nuestros vecinos siempre trataban de eludirlo y no se daban la oportunidad de reñir con él; aún cuando mi hermano golpeaba con el balón de fútbol por horas sus zaguanes, ninguno de ellos se atrevía a reclamarle a sabiendas de su carácter irritable y explosivo. Su estatura y complexión, hacían que todos le tuvieran cierto respeto y más que respeto: miedo. Todos menos yo que desde aquella vez lo único que quería era engullirme su enorme verga en la boca aunque me hiciera lo que quisiera.

Por supuesto que nunca lo provoqué abiertamente haciendo uso de la sensualidad ya que aunque existía aquel historial con mi prima no sabía como podría reaccionar. En pocas palabras yo no le creía capaz de que me viera de la noche a la mañana con otros ojos que no fueran los de una hermana.

Por otro lado cabía la posibilidad de que si a mi prima la había violado tal vez sería la mejor opción para mí, fingir una violación a como en ese momento estaban las cosas. Después de todo si mi hermano me violaba terminaría como la inocente víctima y mi hermano me pediría o más bien me amenazaría con hacerme daño si le decía a mis padres y yo por supuesto obedientemente no diría nada y disfrutaría en secreto de las cogidas que mi hermano me pegaría.

Tras analizar detenidamente la personalidad de mi prima, la cual era una actitud de zorrita disfrazada de monja, y que parecía haberle atraído tanto a mi hermano, aprendí que andar con mojigaterías solo me llevaría a una cosa: a ser violada por mi hermano.

Al día siguiente, era sábado, me levanté muy temprano dispuesta a iniciar mi plan de seducción pero tanto mis padres como mi hermano se habían salido desde antes. Mis padres habían ido a trabajar medio día y mi hermano seguramente se había ido a un partido de fútbol por la mañana pero estaba segura que sería el primero en llegar a casa.

Me quedé haciendo labores domésticas en lo que mi hermano llegaba, trate de parecer una inocente palomita confiada de que no había nadie en casa. Tomé un sacudidor y comencé a quitar polvo de los muebles, recogí la mesa, lave los trastes, y todo esto vistiendo tan solo mi bata de dormir que era semi transparente, sin brassier y por supuesto que sin calzones, el pretexto: "nunca los usaba para dormir".

Así estaba yo, "inocentemente" bailando mientras seguía limpiando la casa y cantando el pop que tanto me gusta hasta que escuché las llaves de mi hermano abrir la puerta.

Yo por mi parte, volteé sobresaltada como si estuviera sorprendida por la presencia de mi hermano y él se me quedaba viendo como no creyendo lo que veía. Por supuesto que mi hermano nunca hizo el mínimo intento por evitar verme en tan reducido atuendo de dormir que vestía "inocentemente". Yo fingía que me moría de vergüenza, y después noté que mi hermano también tuvo un poco pero poco le duro pues volvió a verme con descaro.

Desde ese día trate de vestir faldas mostrándole las piernas cada que podía, usaba ajustados pantalones a la cadera que dejaban ver mis pantaletas tipo tanga o trataba de que esporádicamente me viese vistiendo provocativa lencería que habitualmente uso para dormir.

En fin, con el tiempo le descubrí mirándome las piernas, eso sí, para nada disimulaba pues lo hacía descaradamente como si desde tiempo atrás hubiera adquirido el derecho a ello. Yo sabía que no estaba bien lo que estaba haciendo y que estaba jugando con dinamita pura pero el pene de mi hermano me tenía tontamente enamorada y no me detendría hasta tenerlo; aún cuando me costara ser violada.

Cada vez que estábamos cerca, incluso con mis padres a un lado, se le notaba su abultado paquete en la entrepierna que me indicaba que mi plan iba de maravilla. Supongo que mis padres también deben haberlo notado, pues había ocasiones en las que mi hermano se manoseaba la verga en plena comida, pero nunca dijeron nada.

Todo sucedió cuando salí de la prepa, en mi fiesta de graduación todos se acercaron a abrazarme. Fueron abrazos de cariño por parte de mis familiares y de deseo por parte de los mis maestros que no dejaban de desnudarme con la mirada y a los cuales en otro momento tal vez hubiera hecho caso si no fuera porque estaba tan entretenida con la seducción a mi hermano. Cada abrazo tuvo lo suyo pero el que más esperaba no me defraudó. Mi hermano al abrazarme me dejo sentir su verga en mi vientre, quizá tenia la verga semi parada pues si hubiese sido una verga normal seguramente estaríamos hablando de una verga en completa erección.

El abrazo se prolongó un poco mas de lo normal y como no levantó sospechas en nadie, al menos eso pensaba yo, lo acepté complacida, sentir el troncote de mi hermano me hacía vibrar por dentro.

Unos días después me encontré con mi hermano en la cocina, estábamos a solas en casa pues mi papá había ido a dejar a mamá con la abuela que se sentía mal, yo vestía tan solo una minifalda y un tremendo escote para la ocasión, mirándome de pies a cabeza, mi hermano me dijo lo bien que me veía, cosa bastante inusual en él, pues era la primera vez que me halagaba así que ni corta ni perezosa le respondí con una sonrisa bastante coqueta dispuesta a dejarlo que me follara ahí mismo si tan solo me lo pedía.

Mi hermano traía en una mano una botella de vino y se me ocurrió pedirle que me dejara probarlo-jaja como si nunca antes lo hubiera probado-, le supliqué como una niña mimada hasta que accedió siguiéndome el juego, diciendo que era mejor que aprendiera a hacerlo con la supervisión de mi hermano mayor a que luego otros me enseñaran y se anduvieran sobrepasando conmigo.

Feliz escuche cuando me dijo: tráete dos vasos te espero en la sala.

Me tome tres copas con su compañía, eso si, cada una de ellas bastante bien servidas. Cuando mi hermano se paró al baño, aproveché para tomarme dos copas más de un solo jalón; ya sin refresco ni nada. En tan solo unos minutos ya todo me daba vueltas, mi hermano tardaba una eternidad en regresar y no fue si no hasta que me pare para ir a buscarlo que caí al piso entorpecida por el alcohol.

Creo que me había excedido en la bebida y mucho pues por más que quería no lograba ponerme de pie. Estuve en el piso un buen rato hasta el grado de quedarme dormida en el piso.

No se cuanto tiempo estuve dormida, pero recuerdo oír la voz de mi padre que me intentaba despertar diciéndome que debía quitarme la ropa para dormir.

Hija despierta! Que tienes hija! Hija!

Hubo un silencio, no se cuánto tiempo pasó, ni siquiera supe como llegue a mi habitación. Supongo mi padre tuvo que cargarme para llevarme pues de otra forma no hubiera llegado. Seguramente la botella de mi hermano estaba adulterada pensé en ese momento y aunque seguía preguntándome donde estaba mi hermano, no lograba oírlo ni mucho menos verlo. Solo recuerdo que mi papá empezó a quitarme los zapatos y cuando abrí los ojos mirando ya me había despojado de mis zapatos.

Creo que entre mi borrachera dije varias veces el nombre de mi hermano. Aún así no recuerdo a ciencia cierta todo lo que dije, solo recuerdo a mi padre que parecía estar bastante preocupado por mi actitud.

Hija debes ponerte cómoda. No puedes dormir así!

Apenas y recordaba que tenía puesta una minifalda y un escote bastante pronunciado que seguramente habrían dejado ver de más pero eso ya no importaba. Estaba en manos de mi cariñoso padre que era considerado todo un santo.

Sentía que mi padre era torpe hablando y luchando por quitarme la ropa a la vez, estaba nervioso supongo, y no era para menos. Yo ya no le escuchaba decir nada pero poco me importaba, lo único que quería era dormirme y que todo ese mareo pasara pronto.

Mi padre me había despojado ya de mi falda y yo llevaba puesto tan solo un hilo dental, no me importaba, recuerdo entre sueños que levanté los brazos como cuando era niña para que me sacara la blusa, me volteé para que pudiera desabrochar mi brassier y el tener mis senos ya libres me hizo sentir muy bien. Me quede tirada boca abajo sintiendo las manos de papá sobre mi espalda.

Ya no era coherente cuando sus manos se posaron sobre mis nalgas. Claramente sentí como me acariciaba las nalgas con sus manos al principio de manera suave y ya después lo hacía con dureza. Al parecer mi inocente papi también era un hombre que caía en la tentación y yo, después de todo lo que había pasado esa noche, tan solo era una mujer que quería ser poseída por una verga; sin importar que fuera la verga de mi padre.

Las manos de papá eran estupendas, nunca antes me habían acariciado así. Yo ni siquiera abría los ojos. Tenía miedo de que se espantara y se fuera dejándome caliente en la cama.

Solo quería gozar a un hombre, deseaba tener sexo, deseaba una verga dura que me hiciera estremecer y me golpeara con fuerza las entrañas que tanto me pedían la verga de un hombre.

Él me volteaba cuidadosamente hasta dejarme boca arriba con los ojos bien cerrados, sus manos disfrutaron de mis pechos, y yo me arqueaba para ofrecérselos mas apetecibles y buscando que los metiera en su boca. Cuando menos lo pensé comenzó a saborearlos tal como lo deseaba. Yo comencé a gemir sin vergüenza y a ofrecerle mi cuerpo descaradamente. Entonces sentí como se separó por unos segundos, y pude escuchar lo que pasaba, se estaba denudando a toda velocidad, no quería que se arrepienta así que nunca abrí los ojos. Quien diría que aquella noche terminaría siendo suya.

Lo sentí subir de nuevo a la cama, la punta de ese trozo de carne tibia estaba húmeda, cuando la poso sobre mis labios, saqué la lengua y no pude aguantar darle un pequeño lengüetazo. Sentí como puso dura de golpe, me la volvió a acercar y esta vez la capture con mi boca pegándole una mamada sin iguales. Me la comía enterita. Debía medir 15 cm’s aproximadamente. No tenía comparación con la de mi hermano pero el hecho de que era mi padre y que necesitaba una verga urgentemente me hacían que la mamara regalándole una de mis más dedicadas mamadas de verga.

Mi padre retiró su pene de mi boca dando un ligero gemido que me indicaba que estaba a punto de chorrearse. Me hubiera gustado que lo hiciera en mi boca para probar su sabor a hombre pero también quería que me la metiera así que lo deje hacer lo que quisiera.

El pene de mi padre se paseaba por cada rincón de mi cuerpo desnudo y yo ya no podía mas, inmediatamente me levantó las pompas con las dos manos y sembró su verga en lo más profundo de mí cuevita. Me comenzó a dar como si jamás hubiera estado con una mujer. Me arrebataba gritos de placer y no me importó gritar descaradamente.

Mi padre cada vez hacía con mayor fuerza sus arremetidas y yo simplemente gozaba de su tronco duro. Me restregaba su polla frenéticamente, y yo movía las caderas como si quisiera exprimirlo hasta la última gota.

En eso llegó el más grande de mis orgasmos; un orgasmo ruidoso que me hacía sentir la mujer más puta del mundo. Una puta que cogía con cualquier verga; incluso la de su padre.

Papá me vació toda la leche dentro y yo sentí que me moría. Creo que hasta la borrachera se me quitó con el tremendo orgasmo pero nunca abrí los ojos. Papá en silencio se fue retirando poco a poco. Ligeramente, como no queriendo, me beso en los labios y terminó de ponerme mi bata de dormir. Escuché como tomó su ropa y abandonó la habitación. Fue hasta ese entonces que abrí mis ojos. Mire a mi alrededor y no podía creer lo que veía. La cama estaba hecha un desorden, las sábanas estaban en el suelo, las almohadas por donde quiera y yo tenía la concha empapada del semen de mi padre que chorreaba hasta mis muslos y nalgas. Me puse de pie ya un poco menos mareada y fui por un trozo de papel para secar los residuos del semen de mi padre.

Fue hasta ese entonces que me preocupé por tomar la píldora pues estaba segura de que mis días eran los más fértiles del mes. Recordé que mamá guardaba algunas en el cajón del trinchador de la sala y sin más remedio ante el temor de quedar embarazada, terminando de limpiarme, fui por una.

A ciegas salí de mi habitación pues tanto el pasillo como todos los cuartos estaban sin luz y yo no quería prenderla por miedo de toparme con mi padre después de lo que había pasado. Caminé hasta las escaleras y baje silenciosamente. Todo parecía estar en completa tranquilidad. Fui hasta el trinchador y tras abrir el cajón encontré la caja de las pastillas pero estaba vacía.

Maldita sea- Pensé y quise salir corriendo a la farmacia a comprarlas pero sabía que era una locura.

Justo cuando estaba a punto de dar media vuelta y emprender mi regreso a la habitación, alguien me abrazó por la espalda rodeando mi talle con sus brazos. De inmediato pensé en papá y fue lo primero que se me ocurrió decir:

-Papi?

En eso sentí el hinchado camote sobre mis nalgas y fue entonces que noté mi error. Por el grosor y tamaño de la verga no se trataba de mi padre pues solo había alguien con una herramienta tan poderosa como aquella: Mi hermano!

Me sorprendí cuando mi hermano sin decir palabra alguna empezó a restregar su verga en mis nalgas mientras con una de sus manos me acariciaba los senos y me decía al oído.

-Siempre me di cuenta de lo buena que estabas hermanita pero jamás imagine que fueras tan putita... mira que coger con tu propio padre cuando mami no esta...

Me asusté de momento pues sabía del carácter explosivo de mi hermano. Traté de soltarme de sus brazos, pero su fortaleza me lo impedía

Estas bien sabrosa hermanita. Acaso es que el pendejo de mi padre es el único que tiene derecho a disfrutar de este culazo que tienes?

Me decía pegado al oído sin dejar de frotar descaradamente su dura verga contra mis nalgas.

Estaba aterrada, no sabia que hacer en eso estábamos cuando escuchamos a alguien bajar por las escaleras. Mi hermano rápidamente me soltó y yo me alejé con rapidez corriendo a esconderme tras un sillón. Mi hermano hizo lo mismo pero rumbo a la cocina.

En la oscuridad pude ver como la silueta de mi padre iba hasta el cajón del trinchador. Al parecer buscaba lo mismo que yo había buscado minutos antes. Fue entonces cuando me di cuenta de que se me había olvidado dejar la caja en su lugar y aún la tenía en la mano. Mi padre abrió el cajón y desesperadamente busco sin éxito. Se agarró el pelo y con un movimiento rápido fue por las llaves del carro y se salió seguramente a la farmacia aún cuando el reloj marcaba las 2:30 AM.

Cuando se fue, intenté ir a mi habitación lo más pronto posible pero justo antes de subir las escaleras, nuevamente me topé con mi hermano, lentamente se acercó a mí, y me abrazó repegándome toda su humanidad en mi cuerpo, mis tetas se apretujaban en su pecho y mi pelvis en su vergota que cínicamente restregaba en mi panocha. Con una mano me jalaba hacia él y con la otra me manoseaba las nalgas.

-Al parecer en tremendo lío se han metido los dos el día de hoy...- me dijo arrebatándome de la mano la caja vacía de las píldoras.- Con suerte el pendejo de mi papá encuentra en la farmacia más pero con un poco más de suerte yo me adelantó y te hago un hijo. Después de todo de que me sirve una hembra si no es para criar chamacos... en verdad que estas buena hermanita... buena para hacerte uno y diez hijos...

Ayudado por la corta bata, logró sin mucho esfuerzo meter la mano por debajo de ella para palpar mis nalgas a plenitud, me las acariciaba con suavidad pero con decisión sin dejar de frotarme la verga en mi concha.

Yo sentía riquísima su mano en mis nalgas y se empezaba a mojar mi concha pero tenía que mostrar un poco de resistencia pues de otra manera no sería la niña buena que había planeado.

-No lo hagas por favor...- le decía fingiendo querer llorar.

-Como de que no... si yo soy más hombre que aquél pendejo- me decía refiriéndose a mi padre.

-No lo hice con intención. Estaba borracha... entiéndeme...

-Borracha tú si... pero aquél cabrón no... o dime, que derechos tiene aquel cabrón maricón para disfrutarte que no tenga yo.

Logré zafarme de él, pero de inmediato me volvió a abrazar pero ahora por la espalda. Tenia su enorme verga restregándose en mis nalgas y ambas manos en mis tetas. De pronto con un hábil movimiento me bajó las pataletitas y con sus dedos frotaba la separación de mis labios vaginales haciendo que mi clítoris se hinchara más de lo que ya estaba.

Me tenía loca de excitación, seguía fingiendo que quería soltarme y débilmente le pedía que me dejara. Parecía que mis suplicas lo calentaban cada vez más. Hábilmente se sacó la vergota de la bragueta metiéndola entre la parte superior de mis muslos y haciendo movimientos de masturbación, su enormidad sexual se asomaba por debajo de mi pelambre pélvico mostrándome su colosal tamaño y mojándose de mi néctar vaginal.

No me cojas por favor, soy tu hermana! Esta mal!- Le decía con fingida angustia.

Cuando me di cuenta ya me había desabrochado la blusa sacándome las chiches del pequeño sostén y me las frotaba con pasión desmedida. Me hizo recargar las manos contra la pared quedando empinada, y sin compasión dirigió la cabeza de su enorme plátano a mi hendidura sexual, sentí la gloria cuando el glande de su caramelote traspaso los labios de mi raja y apresuradamente se alojó por completo en mis entrañas, el vaivén de su vergota en mi concha hacia que su vientre chocara contra mis nalgas en cada embate. Mi propio hermano me estaba cogiendo, me estaba "violando", aunque con mi pleno y callado consentimiento.

-Aahhhh nooo detente que me duele! Por favor por lo que más quieras.... Aaahhhhh no lo hagas...

-Como chingados no! Hmm Ahora si te voy a dar verga como te mereces Hmmm estas que te caes de buena maldita zorra! Aaahhhh

Inconscientemente movía mi cadera al compás de los ataques de su rico camote en mi sexo, abría las piernas lo más que podía, y sacaba la cadera para facilitarle tan deliciosa tarea. No sé si mi hermano se daba cuenta de mi complacencia o simplemente me estaba "violando". Pero sin poder contenerme tuve un callado orgasmo lleno de lujuria.

No tardó mucho, cuando sentí mi segundo orgasmo, también sentí como me baño las entrañas con toda su leche. Cuándo terminó de eyacular el río de leche que soltó en mi concha, él me volteó frente a él y con cinismo me dijo:

-Estas más apretada de lo que pensé. Demasiado diría yo para lo puta que eres chiquita... Vámonos a dormir que aquél cabrón no tarda en regresar y si lo veo le parto la madre.

Me tomó en sus fuertes brazos como si no pesara nada y me llevó hasta su cuarto. Me tumbó en la cama y me dijo:

-De hoy en adelante aquí vas a dormir. Toda mujer duerme con su hombre y desde hoy te dejo bien en claro que tú eres mi mujer.- Acto seguido me quitó la bata de un solo jalón y me dijo- se me olvidaba decirte... también duermes desnuda pues no quiero andar batallando para cogerte.

En ese momento lo único que se me ocurrió fue tratar de taparme las chiches, avanzó unos pasos y se puse delante de mí, estaba totalmente desnudo y su enorme verga estaba lista de nuevo para la batalla.

Se zarandeaba su poderosa verga presumiéndola ante mi mirada atónita. No podía creerlo, al fin tenía ese vergón para mí solita y lo mejor de todo parecía que era su víctima. En la entrepierna le colgaban unos huevotes que parecían querer estallar. Ahora comprendía de donde le salía tanta leche. Por más que quería no podía apartar la vista de tan sabroso pedazo de carne que mi hermano ponía a mi disposición.

Con pasos lentos se fue acercando a mí poniendo su verga a la altura de mi boca. Sin decir nada colocó su vergota en medio de mis chiches y comenzó a frotarla, inconscientemente yo apretaba con ambas manos mis tetas aprisionando entre ellas el colosal palo de mi hermano.

-Ya no me hagas sufrir y dale una buena chupada de esas que segurito le das a todo hombre que se te pone en el camino.

Fingiendo timidez puse en tres ocasiones mis labios en el glande de aquella hermosura que seguía atrapada entre mis senos. Yo estaba que ardía de ganas de mamársela, así que poco pasó hasta que abrí los labios y metí la cabeza de su ricura en mi boca chupándosela.

-Hmmm ya sabía yo que bien lo hacías putita...

Él hacia el vaivén como si me estuviera cogiendo por la boca y yo no supe en que momento ya tenia sujetos con una mano sus ricos huevotes.

Poco a poco fui metiendo más de su macana en mi boca y le mamaba con entusiasmo.

En un arranqué de lascivia le dije:

-Métemela ya cabrón que no aguanto!

Ya no había nada que ocultar me estaba entregando por completo a mi hermano.

No tardó en levantarme las piernas hasta sus hombros y echándose sobre mí, su rico camote, como guiado por un imán, se incrustó en mi hendidura sexual hasta solo quedarle los lindos huevotes fuera, los mismos que se estrellaban en mis nalgas a cada embate de su vergota.

-Aaahhhh siiiii assíiiiiiiiiiiiiiii me encanta tu vergota! Hmm- le repetía a cada momento sintiendo que me iba al cielo en cada metida que me daba, casi enseguida me vine en explosivo orgasmo.

Mi hermano sacó su hermosa verga de mi babeante papaya y me hizo poner de "perrita". Besaba y lamía mis nalgas con frenesí, me las abrió con sus manos y hacia lo mismo en mi culito queriendo meter en él su lengua.

Poniendo manos a la obra o mejor dicho verga en el culo, acomodó su ricura entre mis nalgonas tocando mi ano lubricado con mis propios jugos íntimos y empujó levemente, dos o tres intentos más vigorosos y por fin mi culo cedía ante el empuje del pitote de mi hermano, mi ano empezó a tragar aquella delicia de palo, el dolor era intenso, si bien no era la primera vez que me enculaban, nunca con una vergota tan colosal.

El dolor no era nada comparado con el enorme placer que sentía cuando cada centímetro de la verga de mi hermano entraba en mi intestino, en un par de minutos sus sabrosos huevos chocaban contra mi vulva, me tenía totalmente enculada.

-Que bárbara! Que rico tienes el culo hermanita. Aaahhhh Mueve mas las nalgas. Anda! Hmm

Su camote salía y entraba en mi culo con celeridad.

No me di cuenta cuanto tiempo pasó, pero me sacó dos orgasmos más que disfruté como loca. Cuando me estaba dando de nuevo por la concha, me hizo saber que estaba a punto de venirse.

-Aquí te va más leche pa’ nuestro hijo cabrona Aaahhhhh!!

No supe más de mi cuerpo por esa noche. A la mañana siguiente desperté con el pito de mi hermano adentro de nuevo. Al parecer había despertado una bestia sexual imposible de domar. Me lleno de leche el agujero y después de ducharnos en su baño y chuparle la verga una vez más, bajamos a desayunar. Mi padre nos miró desconcertado bajar por las escaleras tomados de la mano.

Cuando mi hermano se sentó a desayunar me hizo la seña de que le sirviera el desayuno. Yo sumisa hice todo lo que él me dijo hasta que terminó de desayunar y me dio un beso en los labios ante la mirada incrédula de mi padre. Antes de retirarse, mi hermano volteó a verlo y le dijo:

-Ah! Se me olvida decirte que le digas a mi madre que desde la próxima semana nos vamos de aquí pues la familia va crecer y ya pronto necesitaremos más habitaciones... voy a usar mis puntos de la chamba para sacar una casa y ahí pobre de ti que hagas una pendejada.

Mi padre aún sin saber que sucedía no dijo nada. Cuando mi hermano se fue yo no pude estar más cerca de mi papá. Me retiré a mi habitación para ir organizando nuestra mudanza. El resto de la semana dormí con mi hermano mayor en su habitación y tal y como el lo dijo, después de eso nos mudamos a nuestra nueva casa, en otra ciudad, donde ya hemos hecho nuestra nueva vida y somos papás de 2 hijas. A mi me da mucho miedo que salgan con alguna afectación pero mi hermano poco cree en eso y hasta el día de hoy me sigue "violando" a diario a tal grado de que ya estoy esperando una tercera hija.

Los vecinos nuevos también le temen a mi hermano, mi madre y mi padre suelen decir por lo que me he enterado que me fui a estudiar fuera de la ciudad la universidad y mi hermano me acompañó para trabajar fuera y solventar mis gastos universitarios.

Y por cierto, aún no se de quien es hija la primera niña...

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