sábado, 18 de julio de 2009

"Mi esposa y yo la liamos en un cine".

Comparada con Barcelona, nuestro lugar de residencia, no sabría muy bien si decir que nos encontrábamos en un pueblo grande o en una ciudad pequeña, pero lo cierto es que ya llevábamos un buen rato deambulando por las calles y raramente nos cruzábamos con algún transeúnte y prácticamente no habíamos visto ningún coche circulando.

- ¿Cómo se divertirá aquí la gente? – Me pregunto mi esposa después de un buen rato andando sin ver a nadie. – Si ni siquiera hemos visto un ruinoso bar donde tomarnos un café.

Gabi ya casi estaba preocupada por la desoladora imagen que ofrecía la villa. Estábamos en pleno verano, a mediados de julio, y lo lógico seria que rondando las diez de la noche, aunque los comercios ya estuvieran cerrados, en algún punto de aquella pequeña localidad hubiésemos encontrado algún bar o restaurante donde se reuniera la gente después del trabajo.

- Deben de estar todos encerrados en sus casas y follando como conejos. – Le conteste yo a mi mujer con una maliciosa sonrisa. - ¿Y si nos volvemos al hotel y los imitamos?

Gabi dirigió una significativa mirada al cielo riéndose de mi ocurrencia, si bien es cierto que hacia ya rato que le había sugerido el celebrar de la forma más lasciva posible el buen resultado de los propósitos que nos habían llevado allí.

Los directivos de la importante entidad financiera en la que trabajo, estaban convencidos de que abrir una nueva oficina en un pueblo situado en medio de ningún sitio era una excelente idea, cosa que yo ponía mas en duda a cada minuto que permanecía en aquel lugar, pero en mi había recaído la responsabilidad de buscar y alquilar un local apropiado donde instalar el nuevo banco.

Calcule que no me llevaría mas de cuarenta y ocho horas, y como se trataba de una zona del país en la que nunca habíamos estado se me ocurrió decirle a mi esposa que me acompañara, preveyendo que dicha localidad podía resultar un tanto aburrida para un hombre que viaja solo.

No me equivoque en mis previsiones. Habíamos llegado el día anterior al anochecer y nos habíamos metido directamente en el hotel, o mejor dicho, hostal, ya que a parte de ser el único alojamiento del lugar, no dejaba de ser una especie de casa familiar con media docena de habitaciones contadas, donde la propia esposa del propietario cocinaba para los escasos huéspedes que aparecían lo mismo que para ellos, e incluso todos nos sentábamos juntos a comer en una gran mesa de madera junto a la cocina, todo a unos precios que nos resultarían irrisorios en la gran ciudad.

A la mañana siguiente, deje a Gabi durmiendo placidamente en la cama y me dispuse a visitar varios locales acompañado de un agente inmobiliario con el que había contactado de antemano.

A las pocas horas ya me había decidido por un inmueble situado frente a la pequeña estación de autobuses de la localidad y que se ajustaba bastante a las preferencias que mis superiores me habían indicado, además de que el alquiler estaba muy por debajo del precio previsto inicialmente.

Como suele suceder en los sitios pequeños, el comercial con el que había tratado tenia la oficina en su propio domicilio, y cuando nos dirigimos a el para firmar el precontrato e insistió en que comprobara por mí mismo la excelente cocinera que era su esposa, no pude negarme a acompañarles durante la comida, que para ser sincero he de decir que fue exquisita, y entre charlas y risas no regrese al hostal donde me esperaba mi mujer hasta bien entrada la tarde.

- ¿Se puede saber por donde as andado? – Me pregunto Gabi nada mas llegar con expresión seria pero sin mostrar síntomas de estar enfadada. – Me he aburrido como una ostra toda la mañana, y lo peor es que he tenido que aguantar yo sola toda la parafernalia que me ha soltado la mujer del mesonero durante la comida. ¡¡¡Joder!!! Es toda una beata del siglo pasado.

No pude menos que compadecer a mi mujer mientras le sonreía y saludaba con un beso, y más teniendo en cuenta que nosotros nos las dábamos de ser un matrimonio bastante liberal, que frecuentábamos en Barcelona locales para adultos, buscábamos vivir las situaciones más morbosas en cuanto al sexo, e incluso habíamos mantenido relaciones sexuales de todo tipo en presencia de otros matrimonios amigos, aunque sin llegar nunca al intercambio de parejas.

- Bueno, cariño, mi trabajo aquí ya ha terminado, he encontrado un local estupendo y a buen precio. – Le dije tomándola de la cintura y atrayéndola hacia mí hasta que nuestros cuerpos quedaron pegados. – Así que arréglate un poco y salgamos a celebrarlo y a divertirnos. Te prometo que antes de que acabe la noche te compensare con creces por la larga espera.

Gabi no se lo pensó dos veces y a los pocos minutos estaba lista para salir. Me sorprendió un poco verla vestida espectacularmente con un vestido blanco que le dejaba toda la espalda al aire y le llegaba un poco por encima de la rodilla, con una gran abertura en el centro del pecho que dejaba ver la mitad de sus bien formadas tetas separadas por un canalillo capaz de despertar la libido de cualquier hombre.

Caminamos cogidos de la mano por las casi desiertas calles en dirección a un pequeño bar que yo había visto por la mañana cerca de la estación de autobuses, y los pocos hombres con los que nos cruzamos dirigieron a mi mujer significativas miradas al admirar su apetecible escote. Las mujeres, por el contrario, parecían farfullar algo en voz baja y la miraban como si de una ramera se tratase.

A mi todo eso, lejos de molestarme me daba un morbo impresionante, y más cuando al entrar en el pequeño bar que andábamos buscando, el tipo gordinflón y de coloradas mejillas que se encontraba detrás de la barra, se quedo embobado mirando a Gabi con unos ojos de salido que a punto estuve de echarme a reír.

Muy a nuestro pesar, lo único que el empanado camarero fue capaz de ofrecernos sin quitar los ojos del provocativo escote de mi mujer, fueron unos insípidos bocadillos en los que el pan estaba tan duro que imaginamos que era del día anterior.

En lo que sí estuvo solicito el chico del bar, fue en los distintos tipos de aguardientes que nos dio a probar cuando lo interrogamos sobre los licores que podía servirnos junto con un aguado café tras la escueta cena, y entre pitos y flautas, al cabo de un par de horas salimos del local habiéndonos metido entre pecho y espalda media docena de chupitos cada uno.

Y en esas estábamos, deambulando por el centro de la silenciosa villa, mi mujer, que se podría decir que es adicta al café, buscando otro bar o restaurante donde tomarse el penúltimo, y yo considerando la idea de llevármela a algún callejón oscuro y echarle un polvo contra alguna pared como si de dos adolescentes se tratase.

- ¡¡Víctor, mira!! Allí se ve una especie de escaparate del que sale luz. – Me dijo de pronto Gabi señalando al final de la calle. – Aunque no tiene mucha pinta de bar o restaurante. ¿Verdad?

Con mas curiosidad que confianza, nos dirigimos al local en cuestión, y cuando nos encontrábamos a unos cien metros de distancia nos quedamos los dos sorprendidos al ver el tipo de establecimiento que nos había llamado la atención.

- ¡¡¡Joder!!! Pero si es un cine. – Comente yo deteniéndome en seco cuando pude leer el deslucido rotulo que había sobre la puerta. – Y fíjate en el cartel del cristal, tiene tres equis de color rojo. Eso es un cine porno, Gabi.

Continuamos acercándonos casi con pasos temerosos y confirmamos que nuestra vista no nos había jugado una mala pasada. “Cine Real” indicaba claramente él rotulo sin iluminación alguna, y en el cartel que anunciaba la película donde se destacaban las tres equis “Blancanieves en el país de las pornomaravillas”.

Sin duda la película ya tenia unos años, pero aun así, en esos momentos se nos debió despertar nuestro lado más travieso, y mirando a Gabi con mi expresión mas picara le pregunte: - ¿Entramos? – A lo que ella me respondió casi de inmediato ya con una decidida y felina mirada: - “Entramos”.

Según la impresión que nos estaba causando la pequeña localidad, ya ni siquiera nos sorprendimos al encontrar tras la deslucida taquilla a una señora bajita y regordeta totalmente vestida de negro, con un moño en la cabeza estilo años cincuenta, y unas gafas de montura negra y grueso cristal que utilizaba para leer una revista del corazón con al menos dos meses de antigüedad

Al presentarnos frente a ella nos dirigió una escrutadora mirada deteniéndose y estudiando con interés a mi mujer, pero dándome la impresión de que más que su llamativo vestido se fijaba en su media melena rizada y oscura, como si lo que más le interesase fuera el peinado de Gabi.

Con cara de desinterés y voz antipática nos entrego los dos tickets de la entrada y nos indico el precio. Tras abonarle el importe solicitado tome a mi esposa de la cintura y nos dirigimos hacia las grandes puertas de madera que daban acceso a la sala sintiendo yo como se me empezaba a trempar la polla pensando en como nos íbamos a meter mano allí dentro.

Tras franquear las puertas nos encontramos con unas gruesas y tupidas cortinas de color marrón oscuro, y cuando Gabi las aparto con su brazo pudimos ver una típica pequeña sala en la que podían coger como mucho cuarenta o cincuenta personas, con butacas rojas y aspecto bastante viejo, pero en la que en un primer momento solo distinguimos a tres jóvenes contemplando la pantalla.

Avanzamos por el pasillo lateral unos metros y nos acomodamos en una de las ultimas filas. Al hacerlo, los dos asientos que habíamos elegido chirriaron sonoramente y las tres cabezas de los jóvenes se volvieron hacia nosotros al mismo tiempo, quedando los tres chavales embobados con la vista fija en el escote de Gabi.

- Me parece que estos tres mozos están mas interesados en ti que en la película. – Le susurre a mi esposa al oído al tiempo que posaba mi brazo izquierdo sobre sus hombros y la acercaba hacia mí. – Si siguen así, se van a acostar con dolor de cuello de tanto girar la cabeza.

Justo delante de nosotros había un chico de aspecto fuerte, con pantalones vaqueros y una camiseta blanca de tirantes. No es que quiera faltarle al respeto, pero verdaderamente tenia cara de pueblo, y cada poco tiempo giraba con disimulo la cabeza para echarle un vistazo a las tetas y piernas de Gabi, que sentado como estaba, ciertamente debían de ofrecerle al chaval un espléndido panorama.

Una fila mas adelante y a la derecha, estaba otro chico con una camisa oscura que a primera vista parecía unos años mayor que el primero, pero este se concentraba mas en la película y a penas se preocupaba ya de nuestra presencia.

Él mas alejado era un chaval sentado en la segunda fila con pantalones cortos y una camisa a cuadros. Se había colocado un poco de lado en su butaca y alternaba su atención simultáneamente entre la pantalla y nosotros.

- Tu también tienes tu publico particular, cariño. – Me dijo Gabi indicando con la cabeza hacia el extremo derecho de la sala. – A no ser que la chica de allí al fondo sea lesbiana, no ha dejado de mirarte desde que nos hemos sentado.

En una de las primeras filas y recostada contra la pared, pude distinguir a una chica rubia de unos veintitantos años, sentada con las piernas encogidas pegadas a su pecho y cogiendoselas con los brazos, una camiseta oscura bastante ajustada y unos téjanos cortos que no le cubrían ni la mitad del muslo.

Ciertamente la chica, que portaba una buena melena rubia, tenia la mirada puesta en la zona que ocupábamos nosotros, y yo también me quede unos segundos observándola morbosamente pensando que no estaba nada mal.

Durante unos minutos estuvimos viendo en la pantalla como las catorce manos de los enanitos luchaban por perderse bajo la falda de la modosita Blancanieves, que tampoco es que hiciera grandes esfuerzos por librarse de los pequeños sobones, pero como a esas alturas la libido de mi mujer estaba muy por encima de la que mostraban los siete personajillos de la película, pronto empezó a mostrarse traviesa.

Mientras yo permanecía cómodamente sentado y le acariciaba la desnuda espalda suavemente con las yemas de los dedos, Gabi extendió su mano derecha y me la planto directamente encima del paquete mirándome con su expresión mas picara. Nada mas posar su mano sobre mi pantalón, empecé a notar un placentero cosquilleo en los huevos y rápidamente mi pene comenzó a engordar, a lo que ella contesto con un tímido masaje mientras echaba fugaces miradas a la pantalla.

Como no podía ser de otro modo, a los pocos segundos yo ya tenia la polla completamente erecta, y aunque mi esposa me la sobaba ahora con mas fuerza, empecé a levantar un poco las caderas para provocar un mayor contacto contra su mano.

Pero Gabi estaba decidida a seguir adelante con nuestra travesura, y mientras en la pantalla sonaban los jadeos de Blancanieves producidos por los enanitos que le comían con avidez las tetas, mi mujer me desabrocho la bragueta y metiendo su mano por la abertura del pantalón comenzó a jugar con mi rabo que ya estaba totalmente tieso.

Sin lugar a dudas, esa placentera pero tímida masturbación no podía durar mucho, y a los pocos segundos ya asomaba por entre los pliegues de mi ropa mi empinado rabo, para que Gabi lo pajeara con su mano izquierda con sabios movimientos acompasados.

Levante la vista un momento y comprobé que las miradas de los tres espectadores estaban puestas en nosotros, principalmente él chaval de la camiseta de tirantes, que mientras una de sus manos permanecía sobre su abultado paquete, giraba el cuello todo lo que podía para seguir con interés todos los movimientos de mi mujer.

A Gabi siempre le han gustado ese tipo de escenas en las que alguien nos observaba mientras nosotros nos divertíamos con lascivos juegos, y él echo de que a escasos metros nos contemplara aquel chaval con cara de “empanao” debió de elevarle la libido hasta las nubes, porque de improvisto, apoyo la cabeza contra mi vientre y se puso a chuparme la polla con todo el arte que solo ella sabia poner en practica.

Nada mas empezar a sentir el contacto de sus labios y lengua sobre mi pene, un placentero escalofrió recorrió todo mi cuerpo, que se acentuó aun más cuando sin descuidar un ápice la mamada, comenzó también a acariciarme los huevos por encima del pantalón.

Ciertamente, entre el buen trabajo oral que Gabi me estaba haciendo, las escenas de la película donde varios enanitos se turnaban para hacer a Blancanieves una comida de coño de escándalo, y los tres jóvenes ejerciendo de mirones ante nosotros, formaba una morbosa combinación que a mí me había puesto cachondo como pocas veces.

En esos momentos recordé a la rubia del otro extremo de la sala, le dirigí una descarada mirada y la encontré recostada contra la pared igual que antes, con sus desnudas piernas aun recogidas contra su pecho, y sus ojos clavados en nosotros mientras se acariciaba suavemente los labios con la punta de los dedos.

Estuve disfrutando de la calidez de la boca de mi mujer durante unos minutos en los que fuimos el centro de atención de los cuatro espectadores, e incluso el mozo de la fila anterior a la nuestra, al que Gabi iba dirigiendo de tanto en tanto alguna maliciosa sonrisa con cara de zorra, acabo también por liberar su nabo del encierro de sus pantalones y comenzó a pajearse suavemente mientras observaba desde su posición privilegiada como todo mi pene desaparecía dentro de la boca de mi esposa.

Tal como se iban desarrollando los acontecimientos, la calentura de mi mujer subía al mismo ritmo que la de nuestros espectadores y la mía propia, y cuando ya me había dejado la polla completamente ensalivada con su mamada, se detuvo unos instantes a contemplar con todo descaro el erecto pene del “empanao” que teníamos delante, para después, con toda la tranquilidad del mundo, meter las manos por debajo de su falda, y ante la asombrosa mirada del chaval, quitarse sensualmente las bragas hasta dejarlas arrinconadas en el asiento.

El mero hecho de contemplar ese acto me puso el rabo tan duro que casi me dolía, y cuando ya me disponía a plantar mi mano entre las piernas de mi esposa, esta se acerco a mi cara y tras darme un sugerente chupeton en el lóbulo de la oreja me susurro al oído como una gata caliente:

- Follame el coño con los dedos como tu sabes. – Me decía mientras la punta de su lengua jugueteaba por mi cuello. – Vamos a darles un buen espectáculo a estos chavales.

Acto seguido, Gabi se levanto y se coloco de espaldas a mí, mirando hacia la pared que estaba a su izquierda, y sin dejar de observar la cara de embobado que ponía el joven de la camiseta de tirantes, coloco su pierna izquierda encima de la butaca y se subió lentamente la falda hasta la cintura, poniendo su culo desnudo a escasos centímetros de mi cara.

- Me has puesto tan cachondo que te voy a follar lo que quieras y por donde quieras, cariño. – Le conteste yo con voz más alta de lo que hubiera querido y fui consciente de que toda la sala pudo escuchar mis palabras. – Te voy a hacer unos trabajos manuales que vas a gritar de gusto.

Sin mas dilaciones, con una de mis manos comencé a masajearle el clítoris mientras con la otra acariciaba sus blancas nalgas. Al cabo de unos segundos, mis dedos estaban completamente empapados con los jugos vaginales de mi esposa, y dos de ellos se abrían camino con facilidad en el interior de su coño provocándole los primeros gemidos.

En la gran pantalla los enanos no le daban el menor respiro a Blancanieves, que tenia serios problemas para chupar y pajear tres pequeños penes al mismo tiempo, mientras el resto de sus impacientes amantes esperaban ansiosos su turno.

Pero nadie en la sala prestaba apenas atención a la película. El “empanao” de la fila de delante se machacaba la polla con la vista fija en como mis dedos perforaban el coño de Gabi. Los otros dos chavales, mas alejados, nos miraban con extremo interés e intuyo que también debían de tener el nabo como una barra de acero.

Y lo más curioso de todo, la rubia que estaba sentada contra la pared, debió de considerar que no estaba bien situada para contemplar el morboso espectáculo y había decidido cambiar su asiento por otro en nuestra misma fila a dos butacas de la que yo ocupaba.

La situación se tornaba mas caliente a cada segundo que pasaba. Gabi meneaba sus caderas al ritmo de mi mano para que la incursión de mis dedos fuera mas profunda y mis nudillos golpearan su clítoris a cada envestida, sin preocuparse ya de que sus expresivos gemidos llenaran toda la sala.

Mientras la follaba con mis dedos, y consciente de que la desconocida rubia me miraba la polla totalmente tiesa con ojos de deseo a solo dos butacas de distancia, comencé a meneármela suavemente, imitando así al chaval de la camiseta de tirantes en una especie de acto de solidaridad.

Yo hubiera deseado que la rubia sé desinhibiera y se acercara aun más a mí para amorrarse ávidamente a mi rabo, sin embargo, tras unos minutos de observación, de repente se levanto la camiseta hasta casi los hombros y comenzó a masajearse y estrujarse los pezones, mientras todos los tíos de la sala quedábamos admirados al contemplar sus espléndidas tetas.

Mi mujer y yo habíamos asumido la responsabilidad de que no decayera la lujuria en la sala, y Gabi cada vez me acercaba mas el culo a la cara con claros deseos de que mi lengua acompañara a mis dedos en la frenética masturbación con que le obsequiaba, así que mientras ella se frotaba con su mano el clítoris a gran velocidad, metí mi nariz entre sus cachas y comencé a juguetear con la punta de mi lengua en su agujero trasero.

Así me mantuve durante unos instantes en los cuales mis lengüetazos y mis dedos arrancaban entrecortados gemidos a la garganta de mi esposa. La lastima fue que mi postura era un tanto incomoda, y al poco tiempo me vi obligado a cambiar de estrategia.

Eche mi cabeza hacia atrás y lo primero que vi fue al joven de delante de nosotros machacándose la polla a una velocidad increíble. Luego dirigí la vista a donde estaba sentada la rubia y la sorprendí con una mano debajo de sus pantalones cortos acariciándose el coño completamente espatarrada, mientras su mano derecha seguía dando buena cuenta de una de sus tetas.

Sin preocuparme ya de lo que sucedía en la pantalla, volví la cara hacia el culo de mi mujer y sin previo aviso comencé a presionar con el dedo pulgar de la misma mano que le follaba el coño sobre el agujero de su ano, y tal como estaba completamente empapado con sus jugos, apenas me costo trabajo empezar a introducirlo en su interior.

Esto produjo en Gabi otro pequeño grito de placer, y casi al instante, me agarro la mano por la muñeca y fue ella misma la que dándole un fuerte empujón hizo que mi dedo se hundiera completamente en su culo, comenzando así una doble follada de dedos a la vez por sus dos agujeros.

Aquello parecían las olimpiadas de la masturbación, y los dedos de la rubia sobre sus pezones y clítoris, competían con mis manos sobre mi polla y los dos agujeros de Gabi en una reñida carrera por ver quien las movía a mayor velocidad, sin olvidar al chaval de la fila de delante, cuya mano pajeadora parecía funcionar con gasolina súper.

Por otro lado, el joven de la camisa a cuadros ya debía de tener tortícolis de tanto girar su cuello hacia atrás, y desentendiéndose completamente de las aventuras de Blancanieves en la pantalla, se levanto de improviso y vino a sentarse a nuestra misma fila a la derecha de la rubia, aunque dejando una butaca libre entre ellos, pero con una inmejorable perspectiva en su línea de visión de la solitaria chica en primer plano y de nosotros solo unos metros mas allá.

- No aguanto mas, esto es una pasada y estoy como una moto. – Le dije a mi mujer sin poder ni querer contenerme sacando mi mano de entre sus piernas y disponiéndome a bajarme los pantalones. – Vamos a follar, cariño, aquí y ahora, delante de todos.

Mientras yo deslizaba mis pantalones y calzoncillos hasta los tobillos, Gabi se desabrocho el corchete del cuello de su vestido y sus apetecibles tetas quedaron completamente al aire, lo que produjo un repentino aceleron en la mano que el “empanao” utilizaba para machacársela.

Acto seguido, levanto también los volantes de la falda del vestido, y situándose con las piernas abiertas al máximo de cara a la pantalla, se dejo caer sobre mí de tal forma que ya en la primera embestida se metió mi polla en el coño hasta su base.

Sin perder un instante, nos enfrascamos en un frenético mete saca en el que Gabi se meneaba sobre mí salvajemente entre jadeos, gritos y gemidos ahogados, mientras yo intentaba desesperadamente seguir su ritmo a golpes de cadera sujetándola por la cintura.

La forma en que mi esposa cabalgaba sobre mí, con su vestido enrollado en sus caderas y sus tetas saltando como locas ante las narices del chaval de la camiseta de tirantes, era sin duda mucho mejor espectáculo que el que ofrecía Blancanieves a cuatro patas encerrada en un corro de enanitos que giraban en el sentido de las agujas del reloj metiendole por turno sus juguetones penes en el coño y en la boca simultáneamente.

Pero la verdad es que nosotros estábamos más pendientes de la rubia situada a dos butacas de distancia, y acostumbrados ya a contemplar su frenética masturbación, le pedíamos por medio de lujuriosas y expresivas miradas que se decidiera a unirse a nuestra fiesta.

Y verdaderamente, hubo un momento en el que los ojos de deseo que ponía la chica al observarnos, me hizo pensar que de un momento a otro se acercaría a nuestro asiento para enfrascarse en un morboso y salvaje trío en el centro de la sala, dando así pie a que el resto de espectadores siguiera su ejemplo y la noche acabara en una espectacular orgía entre los seis.

Lamentablemente, el amago de volver a levantarse que le vi hacer, se debió solo a que tras desabrocharse los pantalones y bajarse la cremallera, se puso en pie mostrándonos un espectacular y apetecible culo mientras hacia descender al mismo tiempo sus téjanos y bragas por sus piernas hasta deshacerse por completo de las dos prendas.

Cuando ya se disponía a sentarse de nuevo en la misma butaca, cubierta solo por la camiseta oscura, que además tenia arremangada por encima de sus tetas, nos dirigió una fugaz mirada y rápidamente volvió la cara hacia él chaval de la camisa a cuadros, que se agarraba el paquete con las dos manos y la observaba boquiabierto sin decidirse por el momento a emprender ninguna otra acción.

Mientras tanto, Gabi seguía dejándose caer una y otra vez con todo su peso sobre mi polla, aunque me daba la impresión de que ella disfrutaba mas viendo como el joven de la fila de delante sé hacia una monumental paja mirándole las tetas que con el dedo que se estaba haciendo la rubia de mi lado.

Esta se había vuelto a sentar con el culo casi fuera de la butaca y las piernas completamente abiertas, y ya sin ningún tipo de pudor, con una mano separaba sus labios vaginales y con la otra se frotaba el clítoris a toda velocidad, echando miradas alternativas a ambos lados entre gemidos y jadeos, y sus tetas al aire moviéndose en pequeños círculos al ritmo de la masturbación.

Si yo no hubiera estado aprisionado en la butaca con mi mujer pegando botes encima de mí como una salvaje, en ese mismo momento hubiera saltado sobre la rubia para echarle un polvazo ante los demás, incluso se me paso por la cabeza incitar a Gabi a que saltara a la fila de delante para que le hiciera una buena mamada al paleto, que por cierto, sudaba como un condenado de tanto rato que llevaba machacándose la polla.

Pero en esos momentos también vi que la rubia miraba descaradamente al joven de la camisa a cuadros mientras se masturbaba con una clara expresión de duda, como si le estuviese preguntando con los ojos: - ¿Eres gilipollas o piensas venir a follarme?

Y verdaderamente, el “vecino” de la chica debió de entender a la perfección lo que en esos momentos pasaba por la cabeza de la rubia, ya que por fin se decidió a sentarse junto a ella, y tras una deseosa y corta mirada al coño de la chica, le metió la cabeza entre las piernas y comenzó a darle lengüetazos por todas partes, desde la húmeda raja hasta el agujero trasero de la caliente espectadora.

Sin perder un instante ni cortarse un pelo, la rubia abrió aun un poco mas sus piernas y las apoyo en el respaldo de los asientos de delante, al tiempo que agarraba con las dos manos la cabeza del muchacho y la dirigía dé tal forma que la lengua de este no dejaba un solo rincón sin recorrer por entre sus húmedos labios vaginales.

A juzgar por los gemidos de placer que empezaron a salir de la boca de nuestra vecina de fila, él chaval debía de ser un experto lamedor, y en un momento dado en el que los jadeos de Gabi y de la chica inundaban toda la sala, un desacorde y entrecortado grito de la rubia nos indico claramente que había tenido su primer orgasmo, hecho que se confirmo a los pocos segundos cuando la tenue luz de la pantalla se reflejaba alrededor de la boca del joven totalmente impregnada por el resultado de la corrida.

Sin embargo, la rubia no parecía aun satisfecha, y ni por un momento libero de entre sus manos y sus piernas la cabeza de su improvisado amante, que se veía forzado a seguir lamiendo sin descanso al ritmo que su espatarrada compañera le marcaba.

Esta vez si que las ansias de sexo de nuestra vecina habían despertado el interés de mi mujer, que mientras los observaba y me cabalgaba a lo bestia, se había llevado también una de sus manos al coño, y se frotaba el clítoris casi a tanta velocidad como la que él chaval de la camiseta de tirantes le imprimía a su mano, que por cierto, ahora parecía que estuviese viendo un partido de tenis, moviendo su cabeza alternativamente desde nuestra posición a la de nuestros acompañantes de fila.

Por descontado que yo también estaba cachondisimo, y cuando note que los jadeos de mi esposa eran cada vez más fuertes y ahogados, le eche mano a las tetas y comencé a estrujar suavemente sus pezones entre mis dedos pulgar e índice de cada mano, produciendo en ella un efecto tal que a los pocos segundos cambio su frenético mete saca por movimientos mas pausados pero más profundos, deteniéndose cuando mi rabo llegaba al fondo de su coño y manteniéndolo allí unos instantes, hasta que, tras un entrecortado grito mucho mas largo que los anteriores, le sobrevino una corrida tan intensa que de inmediato note como mis ingles y genitales quedaban completamente inundados con sus jugos.

Gabi apenas había descansado cuatro o cinco segundos cuando de repente se levanto y se volvió a arrodillar sobre mí, esta vez de frente, plantándome sus apetitosas tetas delante de la cara y ofreciendo al pueblerino pajero una inmejorable vista de su culo.

Luego, mientras me soltaba un morreo en el que su lengua recorrió toda mi boca con la mayor lascivia, me agarro la polla por la base y tras colocarla bien enfilada en dirección a su húmeda cueva, volvió a descargar todo su peso sobre mí metiendosela de golpe hasta el fondo del coño.

La situación comenzaba a parecer una carrera entre las dos hembras por ver cual de las dos alcanzaba antes su segundo orgasmo mientras largos goterones de sudor corrían a lo largo de las mejillas del “empanao” descendiendo desde sus sienes y el chico tímido de las primeras filas seguía con poco disimulo la orgía que tenia lugar a sus espaldas.

La rubia debió de pensar que mi mujer empezaba a ganarle terreno, y por fin decidió para el alivio de su improvisado ligue permitirle sacar la cabeza de entre sus piernas. Luego, sin dejarle apenas respirar, lo tomo por la cintura y lo coloco justo frente a ella con el trasero apoyado en los asientos de la fila de delante, para seguidamente desabrocharle los pantalones casi con rabia y muchas prisas, y bajárselos de un brusco tirón junto con los slip hasta mas abajo de las rodillas.

El joven de la camisa a cuadros nos mostró entonces una buena tranca totalmente tiesa que apuntaba al techo de la sala. Con cara de plena satisfacción apoyo sus manos en el respaldo de las butacas esperando el momento en que nuestra fogosa compañera de fila se amorrara con ansias a su polla.

Yo continuaba dándole fuerte a Gabi, que seguía meneándose con ímpetu sobre mí restregándome los pechos por toda la cara, y dirigiendo miradas de extremo deseo hacia la herramienta que ya la rubia tenia entre sus manos.

Sin embargo, y para asombro tanto del chaval como nuestro, la chica no tenia la menor intención de perder tiempo haciéndole a su compañero la mamada de rigor previa al folleteo. Con un rápido movimiento se dio la vuelta, y dándole la espalda al chaval, se coloco arrodillada en la butaca con las piernas bien abiertas, colocando su respingon culo a escasos centímetros de la tranca del chico.

Como queriendo dar aun más morbo a la escena, clavo sus ojos en el rostro de mi mujer, y mientras las dos se sostenían mutuamente la mirada, la rubia metió la mano derecha por entre sus piernas y agarro sin miramientos la polla del chaval, y tras colocarla con destreza entre sus labios vaginales, desplazo su culo bruscamente hacia atrás metiendose de golpe el pene del mozo hasta que sus posaderas chocaron con el vientre del chico, quedando este aprisionado de nuevo entre la rubia y el respaldo de los asientos.

Desde el mismo momento en el que las dos chicas se posicionaron de espaldas a la pantalla, se hizo verdaderamente complicado establecer cual de las dos hembras manejaba su culo con mas destreza para hacerse con el máximo placer que los rabos que tenían en su interior podían ofrecerles, y el sonido de sus constantes jadeos se dejaba oír cada vez con mas claridad por encima de las voces de los amantes de Blancanieves, que se divertían practicando todo tipo de extrañas posturas sexuales con su inocente victima.

Aunque yo estaba mas que acostumbrado a la fogosidad de Gabi, reconozco que la salvaje forma de follar que mostraba la misteriosa rubia llego a sorprenderme, y no digamos al joven de la camisa a cuadros, que arrinconado como estaba entre su ligue y los asientos, recibía por parte de la chica unas embestidas tales que hacían moverse todos los respaldos de la fila de butacas.

Pero lo cierto era que mi mujer se encontraba en una posición mucho mas cómoda para el polvo que nuestra vecina de fila, y por el volumen de sus ahogados gritos se deducía que mi penetración era mucho mas profunda que la de mi competidor, además de que yo no cejaba en mi empeño de comerle lujuriosamente los pezones mientras magreaba sus tetas de forma desenfrenada.

Quizás por ese motivo, y mientras el paleto de la camiseta de tirantes debía de tener los músculos de su brazo completamente entumecidos de tanto hacerlo trabajar, la rubia opto por abandonar su postura estilo perro con la que se follaba a su acompañante, para volver a sentarse en la butaca con las piernas tan abiertas como si fuera a parir un hijo, esperando que el chaval le demostrara la potencia de sus caderas.

Mientras la chica comenzaba con descaro una nueva masturbación sobre su clítoris, mi digno oponente se deshizo con rapidez de la camisa de cuadros, y apoyándose en las dos butacas de los lados cubierto ahora solo por una deportiva camiseta azul, le clavo de un solo golpe la polla a la rubia y sin mas dilación empezó a propinarle golpes de cadera hasta que sus dos cuerpos chocaban violentamente.

Con solo un asiento de separación entre los cuatro, cada pareja observaba con pleno interés los movimientos de la otra, y hubiera sido difícil saber si el hecho de estar actuando de mirones nos producía tanto o más placer que el polvazo en el que nos habíamos enfrascado.

No había ninguna duda de que a mi mujer le estaba cayendo simpático el onanista de la fila de delante, y como mantenía los ojos prácticamente fijos en el culo de Gabi como si hubiera sido hipnotizado por este, ella decidió elevar aun más el morbo de la escena llevando una de sus manos a su trasero con la que comenzó a acariciarme los huevos al ritmo de su frenética cabalgada mientras contemplaba con cara de viciosa como el paleto nos miraba y se masturbaba.

Pero debido al salvaje polvo que estábamos echando, a mí me empezaban a doler una barbaridad las rodillas, ya que las mantenía pegadas a los respaldos de los asientos delanteros y cada vez que Gabi descargaba todo su peso sobre mi polla, yo recibía tal golpe que estas se me clavaban en dichas butacas.

De modo que opte por detener a mi mujer en el frenético mete saca, y sin sacar mi tranca de su húmedo coño, coloque mis piernas estiradas por encima de los respaldos de delante, justo un asiento a la derecha de donde se encontraba el “empanao”.

Aunque la posición era mas cómoda para mi Gabi no me dio ni un segundo de respiro, y en cuanto se cercioro de que ya estaba nuevamente colocado, reavivo la frenética follada cayendo sobre mí hasta que mis ingles chocaban contra los lados de sus labios vaginales.

Pero no contenta con eso, y viendo que él chaval que estaba a nuestro lado le estaba haciendo a la rubia tan buen trabajo que ya la tenia otra vez al borde mismo del orgasmo, Gabi volvió a llevarse la mano a su trasero, con la diferencia de que en esta ocasión, en vez de seguir masajeando mis genitales, se acaricio durante unos segundos el agujero del culo con su dedo corazón, para rápidamente empezar a introducírselo entre significativos gritos de placer.

Casi al instante empecé a notar como el dedo que se abría camino por el interior del ano de mi esposa, ejercía una suave presión en mi polla a través de las paredes divisorias de sus dos agujeros, pero nuevamente los gritos de placer de la rubia de al lado me hicieron volver a desviar mi atención hacia la fogosa pareja.

Blancanieves se había hecho ya dueña de la situación en lo que a la película se refiere, y equipada con un largo látigo y un gran pene negro sujeto a su cintura, tenia a todos los enanitos de rodillas con las manos a la espalda y la cara apoyada contra el suelo, mientras la ahora cruel princesa los iba sodomizando uno a uno al tiempo que les flagelaba la espalda.

Pero dichos latigazos quedaban apagados bajo los gemidos de Gabi y de nuestra vecina de fila, que con la espalda totalmente arqueada, mas que masturbarse el clítoris, se lo frotaba manteniéndolo sujeto entre sus dedos pulgar e índice mientras soportaba los golpes de polla que su compañero le propinaba con insistencia.

El dedo corazón de Gabi ya se introducía por completo en su ano con extrema facilidad cuando los jadeos de la rubia volvieron a convertirse en gritos y en medio de semejante escándalo sexual obtuvo su segunda corrida, que por sus gestos debió de ser más intensa y prolongada que la anterior.

Como si mi mujer hubiera cogido una rabieta por haber perdido una nueva carrera hacia el orgasmo, se volcó sobre mí para introducir toda su lengua en mi boca en un lascivo beso, mientras yo la sujetaba con fuerza por las caderas y levantaba mi pelvis todo lo que podía para que la punta de mi rabo llegara hasta lo mas profundo de su inundada y caliente cueva.

En un momento en el que Gabi separo su boca de la mía, pude ver que el compañero de la rubia se quitaba también la sudada camiseta y quedaba totalmente desnudo frente a la chica, que había vuelto a posar sus pies en el suelo y ahora si parecía dispuesta a compensar a su desconocido amante con una buena mamada por los servicios prestados.

A continuación casi se produjo una situación de stress en la sala, ya que justo cuando los jadeos de mi esposa empezaban a acelerarse indicándome que estaba cercana a experimentar un nuevo orgasmo, me llamo la atención que unos nuevos gemidos ahogados empezaran a escucharse por delante de nosotros, y hasta Gabi ceso en la perforación que con su dedo sé hacia en el culo para, sin dejar de cabalgarme, volver la vista hacia donde se encontraba el chaval de la camiseta de tirantes.

Por fin, después de tanto machacársela y en una escena que rozaba lo cómico, vimos como el “empanao” llegaba a una bien merecida corrida, y a punto estuvimos de perder la concentración en nuestro polvo cuando una especie de jeringazo de semen salió disparado de la polla del chaval, y tras describir una casi perfecta parábola, fue a caer sobre las butacas que tenia delante.

Tanto a Gabi como a mí nos sobrevino una cómplice sonrisa a los labios tras ver el certero disparo del paleto, pero rápidamente volvimos a lo nuestro sin dejar de observar como la rubia de al lado se tragaba literalmente la polla del otro chaval hasta que los huevos de este quedaban pegados a su barbilla.

A esas alturas, mi mujer ya había interrumpido su inminente orgasmo en dos ocasiones, y aunque era una verdadera experta en alargar extremadamente la duración de nuestros polvos, se la notaba deseosa de descargar su libido de un momento a otro, y más aun si tenemos en cuenta el excelente espectáculo oral que tenia lugar a nuestro lado.

Por eso no me sorprendió cuando momentos después, aplastándome la cara con sus tetas, incrementara nuevamente el ritmo de sus caderas para casi inmediatamente explotar en una interminable corrida que me dejo los huevos y toda la entrepierna completamente mojados.

Yo también empezaba a notar como la leche pugnaba ya por salir de mis genitales y subir a lo largo de todo mi pene para inundar el coño de mi mujer, y verdaderamente así habría ocurrido de no haber pasado por mi mente en esos momentos otra forma de concluir con la maravillosa orgía en la que participábamos.

Casi al mismo tiempo en el que nuestros vecinos de fila cambiaban de posición y el joven se acomodaba ahora en la butaca para que la rubia hundiera su cabeza entre sus piernas y continuara con la placentera felacion mientras nos mostraba uno de los culos mas bonitos y respingones que he visto en mi vida, saque mi erecta polla del coño de Gabi y le hice indicaciones de que me permitiera levantarme.

- Arrodíllate en el asiento, cariño. – Le dije mientras me quitaba la chaqueta y me desabrochaba dos botones de la camisa que aun permanecían en sus ojales. – Sé que el culo te pide polla, y es ahí donde quiero correrme.

Gabi se coloco sumisamente como yo le pedía, con el trasero ligeramente levantado y sujetándose al respaldo de los asientos con sus brazos abiertos, viendo como él chaval de al lado sujetaba la cabeza de la rubia por la nuca y ahora era este el que le metía la totalidad del nabo en la boca a base de mover sus caderas sin que la chica ofreciera la menor resistencia.

Por mi parte, sin perder un instante, y dado que el culo de mi mujer ya había sido convenientemente dilatado por sus dedos y los míos con anterioridad, coloque la punta de mi capullo sobre él, y tomándola por las caderas comencé a llenar su agujero trasero empujando despacio pero con firmeza.

Un grito mezclado entre dolor y placer salió de la garganta de mi esposa cuando mi pene estuvo tan introducido en su trasero que mis huevos rozaban sus aun húmedos labios vaginales, y me disponía a empezar a follarla con fuerza de aquella forma cuando él chaval de la butaca de al lado echo la cabeza hacia atrás, y mientras dejaba escapar un significativo y prolongado gemido con los ojos cerrados, manteniendo a la chica sujeta por su rubia cabellera le llenaba la boca con su polla y la leche que manaba de ella sin darle ocasión a que pudiera separarse ni un solo centímetro.

La visión de nuestra vecina de fila, con la boca llena de polla y tragándose la leche que el muchacho le ofrecía, hicieron que mis envestidas contra el culo de Gabi se tornaran aun más violentas, y la fuerza de mis empujones la obligaban a desplazarse con brusquedad hacia delante haciendo que sus tetas se bambonearan colgando sobre los asientos al compás de la enculada.

Pero fue cuando vi a la rubia relamiéndose con la lengua el contorno de su boca completamente impregnado de semen, mientras se restregaba el rabo de su compañero por toda la cara, cuando sentí que mi leche abandonaba su natural deposito y recorría mi pene en dirección al culo de mi mujer.

Intensifique entonces mis movimientos y cuando note que las primeras gotas de lefa llegaban a su destino mantuve la polla clavada en el trasero de Gabi, que me animaba a soltar toda mi carga dentro de ella.

- Venga, cariño, córrete en mi culo. – Me decía con la cabeza vuelta hacia atrás soportando lo mejor que podía mis empujones. – Asiiii..... Llénamelo de leche, y no la saques hasta que estés seco.

Al menos en media docena de ocasiones repetí la misma operación hasta que todo el semen acumulado en mi interior había pasado al trasero de Gabi, que con cara de plena satisfacción sonreía a la pareja de al lado que nos había estado observando durante prácticamente toda la enculada.

Unos minutos después, cuando Blancanieves se felicitaba de lo placentero que le había resultado él haberse equivocado de cuento al ir a parar al país de las pornomaravillas, y ya comenzaban a desfilar por la pantalla los créditos de la película, la misteriosa rubia recogió su ropa haciendo con ella un ovillo, y meneando graciosamente su culo se dirigió a lo que supongo deberían ser los aseos sin pronunciar una sola palabra.

Él chaval que había disfrutado de sus encantos también comenzó a vestirse con toda tranquilidad tras dedicarnos una cómplice sonrisa, pero mi mujer ni siquiera se entretuvo en volver a ponerse las bragas pensando que de un momento a otro se iban a encender las luces de la sala.

Al contrario que mi vecino de fila, yo me coloque de nuevo mis ropas con bastante rapidez, y cuando Gabi se hubo abrochado el vestido por detrás de la nuca, fuimos los primeros en encaminarnos hacia la salida.

Al pasar tras él chaval de la camiseta de tirantes, este nos dirigió una ultima mirada como de agradecimiento con la polla flácida aun entre sus manos, y Gabi se despidió de el con un: - Hasta luego, majete. – Al tiempo que le guiñaba un ojo con su expresión más provocativa.

Cuando llegamos a la puerta de salida, yo volví la cabeza hacia atrás y vi que el joven de las primeras filas que no había intervenido para nada en la orgía, también se encontraba de pie y se encaminaba hacia el pasillo, cuando de repente una gran cantidad de lámparas situadas en las paredes laterales inundo de luz todo el local.

Al pasar otra vez por delante de la taquilla, me hizo gracia ver a la señora que nos había dado las entradas dormitando con una revista abierta aun entre sus manos y totalmente ajena a la bacanal que había tenido lugar allí dentro.

- ¿Té as divertido, cariño? – Le pregunte a mi mujer ya en la calle plantándole una mano en el culo cubierto solo por la fina tela del vestido. – Esto si que ha sido una buena travesura, ¿no te parece?

Volvíamos a caminar por las desiertas y silenciosas calles en dirección al hostal y Gabi me dedico una sonrisa que hablaba por si sola mientras se agarraba a mi cintura.

- Ha sido genial, cariño, y me lo he pasado en grande follando delante de los otros. – Me contesto al fin radiante de satisfacción. – Creo que deberíamos visitar este sitio mas a menudo, aunque tenga que pasarme otra mañana entera escuchando las historias religiosas de la cocinera de la fonda.

Tras llegar a nuestro alojamiento, aun encontramos fuerzas para culminar la noche con un ultimo polvo antes de dormirnos, aunque mucho mas pausado y tranquilo que el del cine.

A la mañana siguiente nos levantamos temprano y reemprendimos el camino de vuelta hacia Barcelona, y aunque en numerosas ocasiones hemos recordado con placer lo vivido en aquel cine perdido en medio de ningún sitio, lo cierto es que jamás hemos vuelto por aquellas tierras.

fuente www.morbocornudos.com

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