sábado, 18 de julio de 2009

La casi cuarentona

Voy a contarles una historia que me ocurrió hace un año. Me imagino que como mucha gente, siempre hay alguien que aunque sea una mujer fea, siempre te daría mucho morbo poder poseerla. En mi caso esta persona trabaja conmigo. Trabajamos en el Departamento de Administración de una empresa. Suelo verla muy a menudo cuando viene a hacer fotocopias y la verdad es que siempre pienso en sexo cuando la veo. La verdad es que no me lo explico, pero así es. Nos llevamos muy bien, ella es una chica muy simpática. Ella tiene 37 años, es de 1,68 más o menos de estatura, pelo rubio, delgada, poco pecho, casi plana, eso sí, con un buen culo, ni gordo ni pequeño, lo único que un poco ya caído debido a la edad y muy, muy blanca de piel, con pecas que en verano aumentan en cantidad debido al sol y es soltera..

Un día cuando estábamos trabajando se paró en mi sitio al ir a la fotocopiadora. Estuvimos hablando bastante rato de tonterías, yo estaba excitadísimo y ya le dije lo guapa que la veía ese día. Su color blanco cambió automáticamente a rojizo al instante lo que todavía me excitó más. Avergonzada se fue no antes avisándola que algún día iría a visitarla para que me enseñase su pueblo y así conocer a sus perros.

A la semana siguiente, tras unas cuantas pajas a mis espaldas, decidí acercarme a su pueblo. Cuando llegué al pueblo recordé que me había dicho que su casa estaba a las afueras de este por lo que seguí conduciendo hasta llegar a la última casa, rodeada de un jardín totalmente vallado. Adosado a la casa tenía un establo. Aparqué el coche fuera y llamé al timbre de la valla exterior. De repente salió ella de la casa con una sonrisa dirigiéndose hasta mí para abrirme la valla. Iba con una falda ancha y larga que dejaban ver solo sus blancos tobillos y una camiseta blanca sin mangas que según se iba acercando iba notando como le sobresalían los pezones.

Tras una pequeña charla y tras rechazar la excursión por el pueblo, entramos en su casa. La casa era bastante grande, tenía dos pisos comunicados por una escalera. Me enseñó a sus perros que los tenía en el establo y volvimos a su casa.

Allí estuvimos tomando un café sentados en el sofá cuando en un momento de la charla le volví a decir lo guapa que la encontraba últimamente. Ella como sucedió una semana antes, enrojeció y me dijo, para enfriar el asunto, que iba al baño. Sentado en el sofá vi como subía la escalera que dirigía a la 2ª planta donde tenía el baño. Estaba realmente excitado viendo esos tobillos blancos y ese culo a través de la falda. Estaba tan excitado que decidí subir al 2º piso, me daba igual que pasara, solo quería follármela.

Llegué a la segunda planta y me dirigí al baño. Estaba la puerta entreabierta y con un suspiro decidí abrirla y entrar. Allí estaba ella sentada en la taza, dejando al descubierto sus piernas blancas y con una cara de asombro y pánico a la vez que me calentó más todavía. Se levantó rápidamente pidiéndome explicaciones y yo la agarré con fuerza de las muñecas.

- Llevo esperando este momento mucho tiempo y quiero aprovecharlo. - Tú estás loco, ¡suéltame! - ¿Estás segura? Dime que no me deseas, se que estás deseando. Además, 12 años sin follar, estarás que explotas. - Eres un guarro, cerdo asqueroso, suéltame. - A ver si me dices eso más tarde.

Le agarré la cara y la besé, ella se resistía pero mi fuerza era superior.

La tomé del cuello y la llevé a su habitación. Allí la empujé contra la cama quedándose ella boca arriba y totalmente tumbada. Me abalancé sobre ella sujetándola, ya que se resistía, y empecé a besarla, primero en la boca, lamiéndole sus labios e introduciendo mi lengua en la boca cuando intentaba gritar. Más tarde fui bajando por su cuello mientras con mis manos intentaba agarrar sus pezones a través de la camiseta. ¡Que pezones tan duros tenía! No quise esperar más y con las dos manos le rompí la camiseta dejando al descubierto sus tetas súper blancas pero con sus dos pezones bien erectos. ¡Qué bonita imagen!

Comencé a chuparle los pezones y poco a poco comencé a mordisqueárselos. Para entonces ella ya había desistido de gritar pero seguía resistiéndose. Después de un buen rato mordisqueando sus pezones, le quité la falda como pude y la dejé en bragas.

Unas bragas negras con encajes que todavía le hacía más blanca. Noté como ella ya estaba excitada, ya no se resistía, fingía resistirse pero ya no ponía mucho empeño en ello, así que bajé y empecé a lamer y mordisquear sus entrepiernas hasta que puse mi boca encima de su braga.

Ella estaba muy excitada, notaba toda su humedad a través de su braga. Tanto tiempo esperando ese momento. La tenía ahí, controlada, con mi boca en su coño y pudiendo hacer todo lo que quisiera con ella.

Bruscamente le arranqué la braga y pude ver su coño. ¡Que aroma tan especial tenía! Era bastante peludo, el pelo le llegaba hasta las ingles pero tenía los labios totalmente abiertos. Sin esperar más recorrí con mi lengua toda su raja con las manos agarrándole el culo y noté como ella se estremecía a cada movimiento de mi lengua.

- Te gusta, ¡eh puta! - Cómetelo todo, ¡que rico! - Tranquila, que lo vamos a pasar muy bien. - Sigue chupando, asíiiiiiiiiiiiiiiii - ¡Córrete puta! - Me corrooooooo, ahggggggg, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, ahggggggggggggggggggg…

El oír sus gritos, por cierto muy grandes, me había empalmado y estaba a tope, cuando noté como de su raja salía un chorro con su corrida. Nunca había visto que una mujer soltara tanto al correrse. Lamí y saboreé todo lo que echo, estaba riquísimo, dios que sabor, no podía parar de chupar ese coño que durante tantos años nadie había usado.

- Ahora quiero disfrutar yo. - ¿Que tengo que hacer? - Quiero que te la metas en la boca y la chupes. - No sé hacerlo, me da asco. - O lo haces o te obligo.

Con mucho miedo cogió mi polla y la empezó a chupar como aquel que se come un helado. La obligué a metérsela en la boca mientras ella ponía esa cara de asco que me ponía todavía más caliente.

- Ahora quiero que te tragues toda mi leche, puta zorra. - No, eso no. - O lo haces o te doy una paliza… Sigue así puta, sigue, me corro, me corro, no la saques, asíiiiiiiiiiiiiii, me corrooooooo, ahggggggggggggggggggggggg…

¡Que gusto me dio! Notaba como salía toda mi leche y como se vertía dentro de su boca, que imagen más bonita, mi sueño erótico, esa mujer fea tragando mi leche, con finas hileras de semen en sus comisuras de los labios y pudiendo ver como apenas se veía su lengua por la cantidad de semen que tenía en la boca.

Después de tragarse hasta la última gota, y tras limpiarme mi polla con su boca, yo ya estaba otra vez empalmado, así que la agarré de los tobillos, la abrí bruscamente de piernas y la arrastré hacia mí. De un solo empujón le clavé toda mi polla en su coño.

- Aggggggggggg, me haces mucho daño. - Calla zorra, deja que te abra ese coño. - Me haces daño, no sigas…- Tantos años sin follar, que cerrado está…que gustooooooooo…

Después de un rato empujando ella ya no se quejaba y jadeaba.

- No pares, sigue, quiero correrme otra vez, que gusto… - Eso es puta, dime que te la meta hasta dentro. - Si, hasta dentro, ahhhhhhhh, me corro… - Córrete puta…
- Más, más, me corrrrrroooooooo, ahhhhhhhhhh, joderrrrrrrrrrrrrrr, aaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhh - Eso es, ahora date la vuelta. - ¿Para qué? - Obedece o ya sabes… - ¿Así? - Si así, a cuatro patas como un perro. - ¿Que vas a hacerme? - Relájate y disfruta guarra…

Ahí estaba ella a cuatro patas mostrándome todo su coño y su ano. Que preciosa vista. Tenía el coño totalmente mojado, encharcado, después de la reciente corrida. Metí mi cabeza y comencé otra vez a comerme su coño y todos sus flujos, ¡que sensación tener toda mi boca inundada de sus flujos! Poco a poco fui lamiéndole a su vez la raja del culo, muy velluda también a lo que ella gritó:

- Que haces, ¿estás loco? - ¿Loco?, me lo dices cuando acabe. - No, con mi culo no vas a hacer nada, eres un guarro. - Si tú lo dices, pero espera y verás. - Me da mucho asco lo que estás haciendo… - Calla ya puta y disfruta como te como tu agujerito virgen…

Entre mi saliva y sus flujos tenía el ano totalmente lubricado y poco a poco, mientras le seguía chupando y acariciando su clítoris, iba introduciendo un dedo, luego dos y así hasta que sin que se diera cuenta puse mi polla en la entrada de su agujerito virgen. La apreté con fuerza de las caderas y se la clavé salvajemente. Todavía me acuerdo de sus gritos de placer y dolor.

- Asíiiiiiii, toda entera para adentro puta mía - Aggggggggggg, me haces mucho daño… - Espera un poco y cálmate, ya verás como disfrutas - Eso, eso, así, despacio, me gusta… - Pero que puta eres, toma, toma - Siiiiiiii, me corro, que buenoooooooooooo, agggggggggghhhhhhhhhhhhh, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii…

Los gritos fueron exagerados, creo que fue la mejor corrida de su vida mientras yo disfrutaba dándole por el culo a mi mayor fantasía, a esa mujer fea con buen culo y súper blanca. Antes de que yo me corriera se volvió a correr otra vez. Así hasta que yo ya no podía aguantar más y solté toda mi leche dentro de su culo, que placer, fue inolvidable.

Cuando nos separamos, ella sangraba de su raja del culo pero su rostro era un reflejo de la felicidad que sentía. Me vestí y sin mediar palabra, me marché dejándola tirada encima de la cama.

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