sábado, 18 de julio de 2009

"Fantasías de Jorge y Esther : Loco fin de semana"

Ya habíamos dejado a nuestros tres hijos con sus abuelos y podíamos disfrutar de un largo y loco fin de semana.

Llegábamos tras la cena a casa de nuestros amigos Luis y Amparo, en una lujosa urbanización, también en Madrid.

Esther eligió para la velada un bonito vestido, escotado y con falda muy corta y unos taconazos, bajo el vestido solo unas tanguita. No es por que sea mi mujer, pero después de haber sido madre por tres veces, ya lo habéis visto en las fotos que hemos enviado, es una hembra espectacular. Lo mejor de todo es que además de estar buena, es todo lo puta que yo quiero que sea, sin límites pero solo cuando yo lo deseo. Esa noche estaba preciosa y demasiado provocativa, se le veía todo con solo agacharse un poquito, pero como íbamos en coche y no íbamos a salir de la casa, tampoco era un problema. A mi amigo le encantaría.

Antes de que se vistiera, lavé bien su apetecible ojete, y luego le introduje en él un cono de látex. Quería que llegara a la fiesta bien dilatada y preparada para lo que tenía pensado. Le dije a Esther que guardara otro enema y unas bolas anales en su bolso, que más tarde las tendría que utilizar con su amiga.

Amparo es socia de mi mujer, y la pareja perfecta para ella en un numerito lésbico. Rubia, con unos preciosos pechos sonrosados, un conejito perfectamente depilado y un culo igual de bonito que el de mi chica. También es muy sumisa, según dice su marido. No tanto, pensaba yo, cuando nunca él la había podido encular como ella se merecía.

Amparo siempre iba guapísima, y esa noche no iba a ser menos, minifalda estampada, un top de tirantes y unas sandalias de tacón alto. Me la puso durísima el notar que no llevaba sujetador y oler su cuello al besarla, cuando entramos a su casa.

Habíamos compartido muchas veladas de sexo, sin intercambiar parejas (al menos con ellos), y esa noche Luis y yo planeamos dar un paso más. En el ambiente perfecto y tras varias copas la conversación se fue caldeando, finalmente fue Luis el que tomó la iniciativa:

- Bueno Jorge, ¿cual es ese juego tan especial que tienes preparado?

- Amigos, voy a ser muy directo, como os gusta que sea en este tipo de encuentros. Vamos a jugar y la regla es la de siempre, nadie debe enfadarse por que otro proponga algo, por descabellada que sea la idea. Somos mayorcitos y con decir “no” es suficiente. De todos modos, si alguien piensa que no está lo bastante animado o animada como para hacer cualquier cosa divertida, que lo diga ahora y continuamos charlando. ¿Que te parece Amparo?

- Bbb..., bien. ¿Qué significa cualquier cosa divertida?

- Pues a lo mejor, algo que no hayas hecho nunca.

Luis se echo a reír y Amparo se sonrojó a la vez que se removía en el sofá.

- ¿Y tú Esther, que estarías dispuesta a hacer? - dijo Luis -.

- Si le parece bien a Jorge, cualquier cosa.

- Cariño, ¿Y si te pido que obedezcas, solo esta noche, a Luis? ¿Se te ocurre un juego más excitante, amigo?

- No, desde luego, aunque pienso que no quedará la cosa solo en eso…

- Desde luego que no, no quiero acabar la noche sin follarme el precioso culo de Amparo.

Durante unos segundos se hizo el silencio.

- Dudo que lo consigas amigo, llevo años insistiendo, suplicándoselo, es muy terca con ese tema - replicó Luis -

- Oye ¿no creéis que os pasáis un poco? - exclamó Esther al ver a su amiga perpleja y más inquieta que nunca -

- Perdona amor ¿No crees que deberías preocuparte de lo que te va a pedir mi amigo, preciosa? ¿A lo mejor esto es un juego de niños comparado con lo que él te tenga preparado, no? Tranquila, sabes por experiencia que lo que le voy a hacer a Amparo le va a gustar. Ve con ella y prepárala como tú sabes.

Esther cogió a Amparo de la mano y la llevó al baño.

Luis y yo continuamos en el sofá riéndonos, bebiendo y conversando.

- Oye Luis, ¿que piensas hacer con Esther?

- Tengo pensado algo para ella que le va a encantar, si es tan zorra como yo creo. Y cuando te lo cuente también te gustará a ti.

- Pues cuéntamelo.

- No me he explicado bien, …¡cuando te lo cuente ella.!

- ¡Que pedazo de cabrón eres!, tú sabes perfectamente lo que quiero hacer con Amparo.

- Bueno tengo esa ventaja. El caso es que yo no te pedí que me desvelaras tus planes. Hazme caso, te vas a poner como una moto cuando vuelva tu mujer al amanecer y ella te cuente lo que le ha pasado.

- ¿Os vais a ir? ¿A dónde?

- Es secreto, pero no te pongas nervioso, no le pasará nada malo. Aunque lo de malo o bueno es según se mire, jajajajajaja.

- ¡Hola chicos, ya estamos listas! - Irrumpió Amparo -.

- Vaya Amparo que cambio. ¿Te has tomado algo?

- No Jorge, pero tienes a tu mujer muy bien enseñada, me ha tratado con muuuuucha suavidad y además estando solas hemos podido relajarnos un poco, jijijiji. Ya estamos supercalientes, así os ahorramos trabajo ¿Empezamos?

- Claro que si preciosa.

- Pues hasta luego, Esther y yo nos vamos - dijo Luis -.

Luis y Esther subieron al todoterreno y se perdieron por Madrid. Él le dijo a Esther que iba a proporcionarle la noche más salvaje de placer que ella se pudiera imaginar. Ella rió, pensando que tras varios intercambios, con su colección de juguetes sexuales y habiendo hecho tríos con otros hombres y mujeres estaba de vuelta de todo.

Ella le dijo a Luis que le preocupaba manchar la tapicería de su nuevo coche, estaba muy mojada, y que además el juguete que llevaba metido en su culo la calentaba más aún, la falda era tan corta que su trasero desnudo tocaba directamente el asiento, y ella se estaba poniendo cada vez más cachonda. Se quitó las braguitas, demasiado húmedas ya, y se las dio a Luis. Él las olió, deslizó su mano entre las piernas de mi mujer, introdujo tres dedos de golpe en su coño moviéndolos con varias sacudidas, luego acarició su clítoris y sus jugosos labios con delicadeza. Esther puso los pies en el salpicadero, abrió las piernas todo lo que pudo y se sacó y metió varias veces el plug hasta que su ano se dilató lo suficiente como para que el cono, de un diámetro mucho mayor que el de una polla normal, se le saliera del culo si no se sentaba sobre él. Luis la obligó a bajar en una gasolinera con la excusa de comprar un refresco.

- Cógelo de la parte baja de la nevera, quiero verte el chocho desde aquí cuando te agaches, y hazlo despacio, que pueda disfrutar un rato.

Esther obedeció. Al bajar del coche, varios chicos se quedaron mirando, comentando lo buena que estaba, el dependiente se quedó hipnotizado al ver a semejante hembra, tan provocativa, entrar sola a la tienda. No se imaginaban el numerito gratis que iban a presenciar.

Esther llegó a la nevera, entreabrió un poco las piernas para que se le viera mejor todo y se agachó el tiempo que fue necesario, cogía un bote, lo dejaba, y volvía a hacer lo mismo, con calma, para ofrecer una visión clara de su coño depilado y su culo penetrado por el juguete. Mientras los chavales hacían fotos con sus móviles, Luis olía las bragas y se frotaba la polla por encima de los pantalones, nunca se le había puesto tan dura, pensaba que le iba a reventar.

Tras coger al final la bebida, Esther fue al mostrador, apoyó las tetas sobre él, dejándolas bien a la vista por la abertura del escote, y poniendo de nuevo el culo en pompa dijo:

- Se me ha olvidado el dinero, pero tengo mucho calor y mucha sed, ¿me invitas a este bote?

El chico de la gasolinera no pudo negarse, su cara era un poema. Esther le tiro un beso, y moviendo el culo más de lo normal, salió de la gasolinera riendo. Los chicos de los coches aplaudieron y silbaron, y siguieron haciendo fotos con sus teléfonos hasta que la perdieron de vista.

Mi amigo guardó las bragas en su bolsillo y un poco después entró en el parking de un moderno hotel muy próximo a la Castellana. Le dijo a Esther que bajara y le esperara en recepción.

Esther sentía que la observaban, estaba acostumbrada y ni se inmutó, se trataba de un grupo de diez o doce hombres jóvenes, deportistas que irían a jugar algún partido a Madrid seguro. Eran bastante atractivos, y pensó que le hubiera encantado comerse alguna de esas pollas negras o dejarse follar por cualquiera de ellos. Uno tenía una Nikon digital, y no paraban de hacer fotos mientras charlaban. El suelo, de color negro, parecía un espejo, y mi mujer no se dio cuenta de lo contentos que se estaban poniendo todos los que estaban por allí mientras ella paseaba impaciente.

De pronto apareció Luis, saliendo del ascensor del parking, y cuando estuvo cerca de ella se le cayeron las llaves del coche, Esther se agachó a por ellas mostrando sin querer un primer plano de su precioso y taladrado culo a todos los que tuvieron la suerte de mirar. Ella notó varios destellos de un flash, pero pensó que los chicos seguían con lo suyo. Cogió las llaves con calma y se las devolvió a Luis.

Luis le dijo:

- Esther, vas a ir a tomarte una copa de cava al bar del hotel. Pide también al camarero que suban lo de la habitación 1014. Además quiero que te sientes en un taburete de la barra con las piernas bien abiertas, de vez en cuando date la vuelta como si esperaras a alguien. Recuerda, piernas bien abiertas, quiero ver perfectamente tu coño desde bien lejos y que te pongas caliente pensando que cualquiera puede ver lo pendón que eres. Yo estaré observándote aunque no me veas. Cuando acabes la copa sube a la habitación, no antes de media hora.

Mi chica obedeció, habló con el apuesto camarero, que por el acento parecía cubano. Le extraño la permanente sonrisa de este. Después pidió la copa y se sentó con las piernas bien abiertas, como le había ordenado su amigo, entre dos ejecutivos ya mayores, que no paraban de mirar su escote y adivinar sus pechos desnudos y sus duros pezones bajo el vestido. Su bonito trasero asomaba por el borde del taburete. Ella, encantada de mostrarse, paseaba el dedo por el borde de la copa y la lengua por sus labios, poniéndoles al borde del infarto.

Tras ella, como si quisieran tener la mejor de las perspectivas, se acomodaron tres de los chicos que había visto en el vestíbulo, uno de ellos el de la cámara. Seguro que fue casualidad que durante la media hora que mi señora estuvo sentada en el taburete, girándose de vez en cuando y enseñando todo como una vulgar zorra, el flash no dejara de dispararse. Ella no advirtió su presencia, estaba algo nerviosa e inquieta, y no veía a su amigo cerca. Tras cumplir la orden de exhibirse y esperar como una obediente sirvienta, subió a la habitación.

Mientras, yo, había desnudado a Amparo, y tras comprobar que mi mujer había hecho bien su trabajo, comencé a disfrutar de la esposa de mi amigo. No se si sería debido a su aspecto de buena chica, pero no pude contenerme y desde el principio y sin preparativos la trate como a la más sucia de las putas, le metí la polla hasta la garganta, sujetándola fuertemente del pelo, le pellizque los pezones y manosee sus tetas con ansia, y le propiné varias palmadas en el culo mientras le hundía la tranca en su lindo coñito hasta el tope de mis huevos. Disfruté de su coño tierno y sonrosado como de un pastel de cumpleaños.

Ella me suplicaba más caña, diciéndome que estaba cansada de que su marido la tratara con tanta delicadeza, nunca había pensado que necesitaba un macho que le diera eso. Dicho y hecho, le rodee el cuello con el cinturón de su falda, como una perrita, y la obligué a andar a gatas. Le saqué y metí las bolas anales repetidamente, cuando le vi el culo bastante cedido le hundí mi verga con rudeza, aumentando el ritmo hasta oírla gritar como nunca.

Después de embestir con violencia el virgen trasero de mi amiga, saqué la polla chorreando lubricante y saliva y le dije:

- Chúpamela zorra, la acabo de sacar de tu culo, demuéstrame lo guarra que eres.

Amparo dudo unos instantes pero finalmente rodeó mi rabo con sus labios, gimiendo de placer por sentirse tan lasciva. La besé con pasión metiendo mi lengua hasta el fondo y volví a follarle el culo. Alterné su ojete y su boca hasta que me cansé...

- ¿Te gusta cerda? ¿El cabrón de tu marido no te ha hecho esto nunca? ¿Quieres más?

- Si, hijo de puta, rómpeme el culo que he estado reservando virgen para ti, soy tu perra.

Cuando una rubia de cara angelical, con sus preciosos ojos verdes bien abiertos se transforma en una zorra y te suplica esto, solo puedes hacer una cosa, complacerla. Le volví a meter mi polla en la popa aunque esta vez, además, acompañada por las bolas de goma. No le costó nada abrir su agujero todo lo que hizo falta. Tardó en correrse, y yo la acompañé, eyaculando dentro de su dilatado túnel.

- Dice Luis que nunca te has tragado su corrida, que te da asco. Yo quiero que te tragues mi leche, y sé que vas a obedecerme, guarra, toma esta copa.

Amparo obedeció de inmediato, se puso en cuclillas y expulsó el semen de su enrojecido agujero, vertiéndolo en la copa. Luego, sonriendo, bebió hasta la última gota de mis jugos.

- Deliciosa leche, cariño.

Se había portado como una campeona. La llevé a tirones del cinturón hasta su dormitorio, se acostó en su cama y comenzó a acariciarse el ojete del que salía un pequeño hilillo de sangre. De pronto se incorporó y sacó de su mesita un enorme vibrador de color negro. Imitaba la polla de un africano como si fuera real, aunque a una escala desproporcionada, más de 30 cm de larga y más gruesa que un vaso de tubo.

- A ver si eres capaz de enterrar este salchichón en mi trasero, mi marido no ha podido ni metérmelo en el coño, no me ha calentado nunca lo suficiente, tú me has puesto como si fuera de gelatina, creo que me cabe cualquier cosa, jódeme bien cabrón.

Nunca pensé que se me podía poner la polla tan dura apenas cinco minutos después de haberme corrido tan a gusto, se me marcaban las venas y tenía el glande amoratado. Complací a Amparo y le inserté el enorme consolador en el culo, sin casi ningún esfuerzo. Ni siquiera mi mujer con su experiencia en el sexo anal había abierto jamás así su ojete. Jugué introduciendo la salchicha de goma en su ojete y me machaqué la polla delante de su cara, le llené los ojos, la nariz y el pelo de espesa leche, ella no desperdició ni un gramo, recogiéndola con los dedos y relamiéndose, embriagada por su fuerte sabor.

- No te saques eso del culo, quiero que tu marido vea lo que has sido capaz de hacer conmigo.

De repente al nombrar a Luis, me acordé de mi mujer, tocando mi frente para ver si ya habrían brotado los cuernos. Ni me imaginaba lo grandes que iban a ser esa noche.

Casi a las 12 de la mañana llegó Luis, y llegó solo.

- ¿Que tal con Amparo? ¿Nada, no?

- Bueno, ya que te gustan tanto los misterios, que te cuente ella, ahí en el dormitorio tienes a la modosita, jejejejeje ¿Y Esther?, ¿está fuera?

Me dijo dónde estaba Esther, y que fuese a recogerla. La encontré durmiendo en la habitación del hotel. La desperté con suavidad.

- Hola cariño, esta noche he sido muy mala, ¿estas enfadado?

Su pelo, las sabanas, estaban llenas de leche seca, era el olor a sexo más intenso y excitante que había notado jamás, se me puso la tranca como una piedra. Sobre la cama encontré un DVD con el titulo “Esther 24, video y fotos”, y las tanguitas de Esther metidas parcialmente en su chocho, con una corrida reciente.

- Cuéntame que hiciste preciosa.

Esther cogió el ascensor para subir a la habitación 1014, se sorprendió de no ver a Luis. Antes de cerrarse las puertas entraron en él a toda prisa los tres chicos del bar. Uno de ellos le guiño un ojo, pero Esther no le hizo el menor caso. Pararon en el mismo piso, los chicos salieron primero y se perdieron por los pasillos, ella dudo un poco de por donde ir, pero finalmente se dirigió a la habitación.

Llamó a la puerta y la recibió Luis.

- Hola preciosa, te esperábamos con muchas ganas.

- ¿Esperábamos, que hay alguien más?

Al entrar al salón vio al grupo de hombres del vestíbulo, charlando y tomando copas.

- Si preciosa, quince tíos para ti sola, algunos amigos de mi gimnasio y otros amigos de estos, que no conozco, pero que también estaban interesados en follarte. Les debes complacer en todo. La noche va a ser larga para ti.

- ¡Desnúdate guapa! A ver si estás tan buena como decía nuestro amigo.

Esther comenzó a quitarse el vestido, se sorprendió porque estaba completamente excitada y no sentía ningún temor ni vergüenza. Ni se acordaba de su maridito.

- ¡¡Joder es una guarra de primera, no lleva bragas, y lleva el coño totalmente depilado!! Y está que revienta de buena.

- Eso no es lo mejor (dijo Luis), mirad…

Giró a Esther, dejándola de espaldas a todos ellos, la cogió de los hombros forzándola también a que se agachara, y después le abrió el culo con sus manos para que vieran que iba preparada.

- ¡¡¡¡Menudo culo!!!! Me parece que nos vamos a divertir, a esta zorra le va la marcha. ¿Y dices que podemos hacerle lo que queramos? ¿Y gratis?, ¿no es una broma?

- ¿Os parece una broma?. Podéis hacerle lo que queráis, dentro de lo que hemos acordado, es vuestra puta.

Esther, muy excitada, y pensando en complacerle, comenzó a bajarle la bragueta a Luis.

- Quieta, si te portas bien te dejaré que me la chupes al final, ahora tienes otras quince para entretenerte.

Esther se arrodilló, todos los tíos se desnudaron y aproximaron a ella, la besaban, la acariciaban. Ella iba a gatas de uno a otro, completamente desnuda, con el único complemento de sus altos zapatos de tacón. Ellos comenzaron a menearse sus pollas poniéndolas duras para que ella pudiera disfrutarlas bien. Lo hizo con calma, deleitándose con tanta abundancia de machos jóvenes. La trasladaron al sofá, para poder comerle su precioso coño, ninguno de los quince dejó de meterle la polla en la boca, comerle el coño o sobarle las tetas. Luis lo grababa todo con una cámara. De vez en cuando retiraban y volvían a introducir repetidamente el enorme cono en su dilatado culo.

Las quince trancas estaban impacientes ya por probar el resto de los calientes agujeros de mi mujer. Los tíos se turnaban sin parar, haciéndole dobles penetraciones, y metiéndosela de manera alterna en coño, culo y boca. La utilizaron como a una muñeca hinchable.

Jugaron con ella humillándola, dejaron las cortinas abiertas para que desde enfrente se pudiera ver todo, la obligaron a salir al balcón de la habitación y la dejaron allí como a una perra mientras ellos bebían. El que hacía de fotógrafo se vistió y acompañó a Luis para sacarla de la suite, completamente desnuda la obligaron a andar a gatas por los pasillos del hotel, expuesta a que cualquier cliente la viera, atada por el cuello con el cinturón de un albornoz; fue una lastima que al ser tan tarde no la viera más gente, con su fantástico culo en pompa y sus tetas colgando. Mientras se la chupaba o le entregaba el coño o el culo al fotógrafo, en los sofás del hall de la planta, frente a los ascensores, Luis no dejaba de grabarlo todo. Una pareja salió del ascensor, fue entonces cuando Esther chupo con más ganas, metiéndose la tranca del fotógrafo hasta la campanilla. La muy cerda disfrutaba cuando la veían rebajada a esclava y se excitaba aún más.

Volvieron a la habitación y siguió la bacanal, Luis sabía que a mi mujer le encantaba el sexo anal, y la había visto varias veces conmigo follándole culo de manera sorprendente, pero según le dijo él, nunca le vio el ojete tan abierto, era normal pues estuvo más de cuatro horas dándoles placer con él a todos los tíos. En el transcurso de la noche, tal y como mi amigo les dijo que hicieran, fueron uno a uno eyaculando en la boca de mi chica, Luis la obligó a tragarse todas y cada una de la corridas, que fueron más de treinta. Los tíos tuvieron tiempo de empalmarse varias veces y los mejor dotados le llenaron la boca de esperma hasta en tres ocasiones. Casi a las 8 de la mañana, mi amigo, que había desaparecido un momento, volvió a la habitación y los despidió diciendo:

- Hasta la próxima. Cuando queráis disfrutar otra vez de esta preciosidad solo tenéis que llamarme, como veis es muy facilona.

Luego entró en la habitación. Esther le dijo:

- Me has dado lo que siempre había deseado, has hecho realidad mi fantasía, ser poseída salvajemente por muchos hombres a la vez, no la conocía ni siquiera Jorge. He perdido la cuenta de las veces que me he corrido, estoy exhausta, voy a ducharme y te lo voy a agradecer como mereces.

- No, quiero que te quedes así, llena de semen por todos lados, con el rimel y el pintalabios corrido. Y quiero que te vea así tu marido, y que se lo cuentes todo con detalle, que vea de lo que es capaz la furcia con la que se ha casado. Con eso me doy por satisfecho, yo no podré hacer con Amparo lo que Jorge hace contigo, y esto es una pequeña venganza por lo manso que eso me hace sentir. Además seguro que tu marido no ha podido conseguir lo que deseaba de Amparo, soy el seguro ganador esta noche.

Bueno guapa, antes de irme quiero que me concedas un último deseo.

- Pide lo que quieras, cabrón, soy tu perra.

El camarero ha sido muy amable con nosotros, no nos ha faltado hielo ni bebidas en toda la noche. Tengo que agradecérselo de manera especial. El sabe que tú eras un zorrón, le has estado enseñando el coño durante media hora en el bar, te ha visto aquí follando con todos y está enfadado, él también quiere follarte el culo.

- De acuerdo, por uno más… Además estaba muy bueno, será un final perfecto.

- No tan deprisa linda. El problema es que se ha corrido la voz entre el personal del hotel y algún amigo suyo también mulato, ahora son seis tíos, creo que ninguno pasa de los 25 años, les he dicho que eres toda una experta, aunque ya se lo imaginaban. Te gustarán, he rechazado a tres que no cumplían los requisitos, les daré una copia de tu película para que no se enfaden

- Eres un hijo de puta, sabes que debo obedecerte en todo, no te pases.

- Cállate putón, y a chupar pollas que ya están aquí. ¡Acuérdense caballeros, todas las corridas dentro de su culo!

Aparecieron finalmente nueve hombres, a última hora se apuntaron algunos que salían del cambio de turno. Alguno con el uniforme aún puesto. A Esther ya le daba igual, en sus agujeros cabía un autobús, se sintió más puta que nunca, les dejó las pollas bien limpias y tras ofrecerles también su dulce coñito, almacenó en su recto las corridas de los nueve, entre risas se marcharon mientras uno decía:

- Menuda guarra, mira, se le sale la leche del ojete, de cedido que lo tiene. Lo puta que es y lo buena que está ¿Vas a venir más a este hotel, guapa? ¡¡Déjanos tu teléfono en recepción, jajajajajajajaja!!

- ¿Satisfecho Luis?

- Mujer, pues no. Creo que no deberías desperdiciar esa leche que esta derramándose de tu culo. Algunos por la rapidez en correrse tenían pinta de no haber follado nunca ¿Tú te imaginas lo concentrada y rica que debe estar la leche de un tío virgen? Jajajajajaja!

Esther no lo dudó, utilizó sus propios dedos para recoger toda la leche, espesa y de un fuerte olor a macho y se la tragó a sorbos. Luego se quedó dormida, estaba agotada.

- ¿Estas enfadado cariño?

- No amor, un poco decepcionado por que esto lo podía haber disfrutado en directo, realizar tu fantasía, y me tendré que conformar con el video. Lo que de verdad estoy es más caliente que un mono ¿Has hecho todo eso de verdad? ¿Te has tragado casi 50 corridas?

- Si cariño, y lo peor es que cuanto más semen tragaba más quería. Estaba superexcitada, no te molestes amor mío, pero si tu polla esta bien, las de los chicos negros eran monstruosas. Me han abierto como a una ternera. Luis eligió bien, te lo aseguro, me hicieron perder la cabeza.

- Pues bueno, disfrutemos un poco más de tu calentura, te espero en el coche delante de la entrada, he rebuscado en la habitación y creo que no tienes ropa, las bragas llenas de leche, tu vestido se lo habrá llevado alguien como trofeo, así que tú verás que haces, no tardes.

Esther salió del baño tras ducharse, me había llevado las toallas y las sábanas, solo le dejé una toallita de bidé para secarse. Mi mujer no tenía ganas de arrancar las cortinas, de modo que pensó en que no había más remedio que salir como Dios la trajo al mundo. Lo peor para ella fue no tener maquillaje, con lo presumida que es, era peor salir con la cara lavada que desnuda.

Tuvo muy mala suerte, corrió por el pasillo y cuando se abrió el ascensor en el piso 10º vio dentro a un grupo de tres matrimonios extranjeros, pasaban la cincuentena, las mujeres se escandalizaron y los hombres miraban de reojo arriesgándose a recibir una hostia de sus respectivas esposas en cualquier momento. Esther estaba impresionante, con sus zapatos de tacón, su culo respingón y sus tetas apuntando al techo del ascensor, el pelo mojado y peinado hacia atrás.

Salió por el pasillo del garaje, evitando atravesar el hall, accedió rápidamente a la calle e intentó subir a su coche. Yo había bloqueado los seguros. Bajé la ventanilla del copiloto unos centímetros, tan solo para que ella pudiera oír lo que le decía.

- Bueno zorrita, anoche te divertiste enseñándolo todo en el bar, que no se quede ahí la cosa. Pásate otra vez por allí y agradécele al camarero lo que te hicieron él y sus amigos. Agradéceselo bien, y pasa por el medio del hall, si no no subirás al coche. Date prisa no sea que avisen a la policía de que hay una loca desnuda por aquí. Ya está mirando demasiada gente.

Esther miro a su alrededor, la gente estaba perpleja. Sin importarle esto, atravesó con paso firme el hall. Sus tetas y su trasero se balanceaban al andar, oyó silbidos y risas, finalmente entró en el bar.

Se acercó al mulato, no era el camarero de la pasada noche, sino uno de sus amigos. Ella se hubiese acordado más del sabor de su polla que de cómo era su cara, pero aún así le reconoció. Entró en la barra y le estampó al impresionado camarero un morreo de premio, removiendo la lengua dentro de la boca del chaval, a la vez le manoseaba el paquete y el culo utilizando las dos manos. Luego cogió una servilleta del mostrador se la pasó por su jugoso coño, sacó el boli del bolsillo de la camisa del cubano y escribió en ella: “Me encantan los mulatos jovencitos, si queréis volver a sentir este olor, directamente de mi conejo, llamad a este número…., soy vuestra zorra para lo que deseéis”. Luego volvió al coche, esta vez si pudo subir. Al arrancar se despidió de la muchedumbre que la observaba, con todo su morro, agitando su mano como una de las Infantas.

-¿Qué has hecho ahí dentro?

- Lo que tú me has mandado, agradecerle al camarero lo bien que me follaron. Le he dado tu móvil por si apruebas que me vuelvan a usar. Me da la impresión de que no tardará en sonar.

- ¿Qué pretendes? Estás loca.

-¿Y tú? ¿Crees que me puedes utilizar poniéndome caliente como una perra y luego nada? Necesito que hagas conmigo cualquier cosa que se te ocurra, estoy dispuesta a todo. En estos momentos soy la zorra más grande de Madrid, ya me ha visto el coño medio censo y se me ha tirado el otro medio.

- ¡Joder nena!, de acuerdo, va a ser un día inolvidable. Lo de esta pasada noche te parecerá un rato en los caballitos comparado con lo que se me está ocurriendo.

- Seguro que sí, me vuelves loca amor mío.

Luis entró a la habitación y vio a su mujer, Amparo, con un enorme pollón de latex metido en el culo, se frotaba el clítoris con una mano, y con la otra movía con violencia el megaconsolador.

- ¿Qué haces nena? ¿Eso…? ¿Está metido en, en….., tu culo?

- ¡¡¡¡Si!!!!, en mi culo de zorra, mira que puta soy…

Se sacó la monstruosa manguera del culo y la relamió sin dejar ni un trocito, luego se la volvió a introducir en el mismo agujero sin ningún esfuerzo.

- Hostia, eres más pendón de lo que yo pensaba. Creía que Jorge se había matado a pajas esta noche, que contigo habría echado un polvo normal y poco más, pero veo que le ha ido demasiado bien.

- Ni te lo imaginas. Ese cabrón ha sacado lo peor de mi, ni yo pensaba que pudiera hacer esto, y me encanta.

Luis aprovechó la situación y disfrutó de su mujer como si la hubiese conocido en ese momento. Pensó que tenía que agradecer a su amigo tan increíble descubrimiento.

- Hola Jorge, ¿Cómo estáis?

- ¡Ah, eres Luis! Esperaba otra llamada. Estamos muy bien, tengo a Esther a mi lado, desnuda, en el coche. He decidido que como es verano y hace calor, le sobra la ropa. Voy a llevarla a todos los lados así, no se merece otra cosa. Además, uno de tus amigos se llevó su vestido y ella cree que fuiste tú quien se corrió en sus bragas, no había alternativa.

- Menudo cabrón eres, la pobre está llevando una marcha demasiado dura este fin de semana.

- ¡Serás hijo de puta!, demasiado dura es como me ha puesto la polla cuando me ha contado lo que le has hecho. Como te digo, hasta cinco minutos antes de que recojamos a nuestros niños el domingo por la tarde, esta tía se va a enterar de quien es su marido. Me has puesto difícil superar lo que tú organizaste.

- ¿Te gustó como la presté a esos 24 tíos? Te aseguro que tu chica puede incluso con más, es una fiera, y muy obediente, la tienes bien enseñada.

- ¿24?, ella no sabía el número exacto. Ahora entiendo el título del DVD, cabrón. Oye, esta noche iremos a cenar a vuestra casa y luego saldremos. Prepara a Amparo para que haga juego con Esther. ¿Te parece bien que disfruten las dos de lo que tengo pensado?

- No me imagino qué será, pero me parece una gran idea. Nos vemos a eso de las 21:00 h en nuestra casa.

- Jorge, me duelen las tetas, llevo casi un día sin sujetador.

- Es que tienes unas tetas muy grandecitas amor ¿Y el coño y el culo no te duelen?

- La verdad es que no. Estoy deseando clavarme más pollas, y cuanto más grandes mejor.

- Pues no tengo tiempo de hacer un casting y empezar a medirlas, pero no te preocupes, que cuando acabe todo te van a doler hasta las pestañas.

- ¿Dónde vamos a comer? Estoy hambrienta, y recuerda que voy desnuda. A mí ya me da lo mismo que me vea quien sea, pero no quiero acabar en comisaría, detenida por escándalo público. No te lo perdonaría.

- Tú no tienes que perdonar nada, solo obedecer. Vamos a ir a un restaurante de carretera que conozco, suele estar lleno de camioneros. Yo entraré y pediré unos bocadillos y unas bebidas, los pagaré y encargaré que lo dejen preparado, les diré que entrará una chica muy llamativa a por la bolsa. Luego te cuento.

Esther se quedó en el coche, yo me llevé las llaves para que ella no tuviera la tentación de gastarme ninguna putada. Ya dentro del restaurante, hice lo que acababa de contar a mi dulce esposa, aunque además le dije al dueño del local, un tío enorme como un armario, si tenía inconveniente en que la chica fuera desnuda. Que yo tenía gustos raros y disfrutaba contratando a una prostituta de lujo para exhibirla y prestarla, hacerle fotos para luego pajearme mientras ella me contaba lo que había hecho. Al principio desconfió, pero tras alguna explicación más y un billete verde al tío le pareció bien. La tenía que llevar a un despacho o comedor privado con la excusa de no formar un escándalo. Luego, tanto él como quién quisiera del bar, fuesen empleados o clientes, podrían utilizarla a su antojo.

- Tratadla lo peor que podáis, pero sin hacerle daño. Jodedla bien duro, quiero que tenga cosas interesantes para contarme.

Tras urdir el plan volví al coche, entretuve a Esther el tiempo suficiente como para que corriera la voz dentro del restaurante de lo que iba a pasar, y estuvieran listos los bocadillos y la mandé salir a por ellos.

Esther entró rápidamente en el restaurante, confiada en pedir la bolsa, cogerla, y volver al coche lo antes posible, tal como le había dicho su marido. Cuando entró, vio que casi no había sitio en la barra para poder hablar con el camarero. Todos la miraban como si esperaran su entrada. Dos camioneros le dejaron algo de espacio mientras la miraban de arriba abajo fijando sus miradas en su tierna y pelada almeja o en sus duras tetas.

- Oiga por favor, tengo que recoger una bolsa de bocadillos que…

De pronto notó una mano apretándole una nalga y otra introduciéndole dos dedos en el conejo, gimió, dudando si gritar y pedir ayuda, o arrodillarse allí mismo y empezar a chupar rabos, y antes de decidirlo notó que la sujetaban fuertemente de una muñeca.

- Señorita por favor, acompáñeme. No quiero escándalos en mi restaurante.

Esther en cierto modo se sintió aliviada de salir de aquella situación, y miró hacia el coche para ver si yo la observaba. Los cristales reflejaban y ella, contrariada, no supo si la había visto cuando el gigantón se la llevaba hacia el interior del local. No supo a donde la llevaban ni si la podría ayudar. Yo mientras, sentado en mi coche, atendía una llamada telefónica muy deseada.

El grandote la subió a su despacho, en la planta superior y le ordenó sentarse.

- Tienes dos opciones nena. O esperas sentada mientras aviso a la guardia civil para que te detengan por entrar desnuda a mi restaurante, o me convences para que no lo haga, y te advierto que soy muy duro de convencer.

Esther comprendió enseguida y se incorporó un poco hasta alcanzar la bragueta del tipo, la abrió con calma y extrajo su enorme verga, ya casi en erección. Comenzó a chupar con ansia, hasta ponérsela dura como una piedra, el tío la cogió en volandas y tras tumbarla en la mesa le clavó la polla hasta lo más profundo del coño. La folló como un salvaje y le llenó su dulce cuevecita de semen espeso en cuestión de un par de minutos.

- Me gustaría haber aguantado un poco más, pero con lo buena que estas y lo calentito que tienes el conejo es muy difícil no correrse.

- Me has dejado a medias, grandote, ni me he enterado. Ven que te la ponga dura otra vez.

- No cariño, yo ya me he quedado a gusto y que tú te corras o no, me la suda. Pero tranquila que no te vas a ir de vacío, espera aquí.

El tipo salió e inmediatamente se abrió la puerta de nuevo. Entraron los dos camioneros que le hicieron sitio en la barra.

- Hola guapa. Nos han dicho que había una hembra caliente aquí dispuesta a todo. ¿Qué quieres que te hagamos?

Esther permanecía medio tumbada en la mesa, acariciándose el coño con las piernas bien abiertas.

- Quiero correrme, sacad vuestras pichas y folladme como a una perra, ¿Qué esperáis? ¿Sois maricas o qué?

El ultimo comentario tuvo el efecto que ella pretendía, le metieron las pollas en la boca, estirándole del pelo y dándole pequeñas bofetadas, dieron pellizcos en sus pechos y cachetes en su culo, apretaron y estiraron sus pezones, y tras follarla de varias formas y por todos los sitios, la penetraron a la vez, descargando su esperma en cada uno de sus dos agujeros. Mientras, Jorge en el coche, atendía una esperada llamada de teléfono.

Durante más de una hora y media estuvieron entrando al despacho un tío tras otro, hasta un total de siete, ella les provocaba para que fueran cada vez más rudos, no tenía suficiente, ansiaba que tras salir uno se volviese a abrir la puerta. Todos la usaron como lo que era, un putón. El último la encontró tendida en la mesa amordazada con un trapo de cocina y con un botellín de cerveza metido en su ojete, tras liberarle la boca para que le chupara bien el rabo, sacarle el envase de cristal y follarle el culo sin piedad, le entregó la bolsa con los bocadillos.

- Este era tu encargo, que te aproveche, cosa linda. Me han dicho que bajes por esta escalera, que un amigo tuyo te espera fuera en un cochazo.

Esther se adecentó lo poco que pudo y salió del restaurante, el semen le chorreaba por el culo y el coño y le resbalaba por los muslos hasta los tobillos, haciéndole cosquillas. Subió al coche y Jorge arrancó.

- ¿Y si alguno de esos tíos me pega algo malo?

Decía esto sonriendo maliciosamente, mientras se chupaba los dedos tras acariciar el interior de sus muslos.

- No pienses en eso, no te he llevado a una cárcel o a un centro de metadona, tranquila. ¿Te ha gustado o no?

- Si, me he corrido tres veces. El último tenía una polla muy gorda, me ha encantado como me ha follado el culo, parecía que no iba a correrse nunca.

- ¿Te gustaban? ¿Eran atractivos?

- Había de todo, al dueño ya le viste, el último era un semental. Aunque creo, por como me han tratado, que los que más me gustaron fueron los dos camioneros jóvenes y un madurito de unos 50 años, tenía un rabo muy corriente, pero me ha dado mucha caña, en general todos fueron malísimos conmigo.

- ¿No te importa follar con tíos que no sean atractivos?

- Para empezar me tienen que gustar, pero cuando estoy caliente, cualquiera me vale.

- Eres una putita cariño…

- Sabes que soy un angelito, tú eres quien me vuelve mala. ¿En que piensas ahora?

Esther se aseaba con las toallitas de bebé, que siempre llevaba en el coche. Jorge había tomado un atajo por una carretera de montaña, hacia la urbanización de sus amigos. Pasaron por un lugar donde grupos de gente joven solían acampar. Detuvo el coche cerca de uno de ellos.

- Mira ese grupo de chicos, convénceles para hacerte unas fotos con ellos.

Los jóvenes se quedaron alucinados cuando vieron a semejante mujerón, totalmente desnuda, bajar del coche. Yo creo que cuanto más semen entraba en su cuerpo, por cualquier agujero, más guapa se ponía.

Esther se aproximó a ellos sin ningún pudor y se puso en cuclillas para hablar con los chicos, ya que estaban todos sentados. Eso ofreció una visión de primera de su húmeda y brillante raja. Ella permanecía con el tronco erguido, las tetas, con los pezones aún tiesos y enrojecidos por los pellizcos, apuntaban hacía las caras de los sorprendidos chavales. Tendrían todos edades entre los 18 y 25 años, había una chica además, pelirroja, muy guapa, que se quedó encantada mirando a mi mujer. Esther les puso al día:

- Ese que baja del coche es mi marido. Le encanta exhibirme y quiere hacerme unas fotos rodeada de vosotros ¿Os parece bien?

- Nos parece de puta madre tía. Si eres una guarra y tu marido está loco, allá vosotros…jajajaja

Otro de los chicos habló dirigiéndose a su amiga:

- Silvia, ¿Qué miras?, Jajajajaja ¿Te lo harías con esta mami? ¿Cuántos años crees que tendrá este putón?

Esther respondió sin ningún problema, tras tener tres hijos, estaba muy orgullosa de estar tan buena para su edad.

- Tengo 37 años. ¿Y vuestra amiga la pelirroja cuantos tiene?

- Tiene 19, es prima de este, y viene con nosotros por que se siente de igual a igual entre amigos, mucho más que entre amigas ¿Entiendes?

Todos rompieron a reír y la chica se ruborizó. Esther continuó:

- Así que me he encontrado un bollo precioso. ¿Quieres que les ofrezcamos unos momentos inolvidables a tus amigos?

Aunque la chica no contestó, Esther sabía que la deseaba con todas sus fuerzas. Comenzó a besarla y acariciarla mientras algunos de los amigos extendían mantas en el suelo.

Yo no dejaba descansar a la cámara, los cuerpos de las chicas se enredaban en un torbellino de pasión y lujuria, las lenguas dentro de sus respectivos coños, caricias como solo ellas saben hacerlas, el trasero de Esther en pompa como oferta irrechazable para el más atrevido de los chicos, muchos de ellos se pajeaban como invitados de honor de un espectáculo de lujo.

Mientras duró el apasionado 69 de las chicas, como no, Esther notó como penetraban su cuerpo con ansia. Ella, concentrada en el dulce sabor de los jugos de su amiga, con la lengua dando vueltas a su clítoris, no sabía si era la misma polla o varias de ellas, las que follaban su castigada almeja.

No quedó ni uno sin su correspondiente corrida y mientras la pelirroja se quedó tumbada acariciándose las tetas, Esther se ocupó de dejar todas las estacas, aún medio duras, bien relucientes y limpias, con su prodigiosa boca. Parecía no tener límites a la hora de portarse como una puta.

Contento por el reportaje fotográfico, subí al coche y la llamé. Mientras Esther se dirigía hacia mi, contaba mentalmente la cantidad de pollas que había despachado en menos de un día, se preguntó cuantos tíos se follaría en una buena jornada una prostituta profesional y la pasta que ganaría con ello. Ella lo estaba haciendo gratis como una jilipollas. Aún quedaba la noche del sábado y la mañana del domingo ¿De cuanto más iba a ser capaz? ¿Qué estaría planeando el sátiro de su marido?

Llegamos a casa de nuestros amigos, Amparo abrió la puerta vestida tan solo con unos zapatos de tacón alto, un delantal blanco muy cortito y una cofia. Tras estamparle un buen morreo a cada uno de sus amigos, comenzó a caminar delante de ellos. Cuando la ví contonearse, me dí cuenta enseguida que Amparo llevaba metido en el culo el plug de mi mujer, Luis lo rescataría tras la fiesta del hotel. Nuestra amiga le había cogido gusto a eso del sexo anal, y para no haberlo practicado nunca antes de ese fin de semana, había comenzado muy fuerte.

En lugar de besar a Luis, Esther le cogió de la mano y le sentó en una silla del comedor, se arrodillo ante él, le bajo la bragueta y le hizo la mamada que él le había negado horas antes. Se tragó la leche sin desperdiciar ni una gota, como nunca hacia su mujer, luego se retiró a la cocina para ayudarla con la cena. Esther no actuó por iniciativa propia, simplemente hizo lo que yo le había dicho que hiciera para saludar a mi amigo, yo ordenaba y ella me complacía. Me jodió que Luis despreciara una increíble mamada de mi zorra y no descansé hasta que se la hizo.

Pensé que había perdido el norte, no tenía bastante ya con nada de lo que pudiera hacer mi mujer. Mi cerebro ideaba las peores situaciones posibles para humillarla y usarla como una puta barata. Mientras Luis me hablaba, yo ausente, acababa de planificar la que sería la noche más brutal tanto para mi mujer como para la de mi amigo. Le dejé con la palabra en la boca y salí al jardín a hablar por teléfono, era una llamada que estaba impaciente de hacer.

Al cabo de un rato llegaron las chicas con la cena, Esther llevaba un uniforme parecido, y su amiga le había introducido un grueso aro de plástico en el ojete, que permanecía abierto de par en par, en el coñito llevaba unas bolas chinas.

Los tres encontramos divertido colocarla con el culo en pompa sobre la mesa y llenar su ojete de una salsa del menú. Introducíamos los dedos en él, chupándonoslos luego, Amparo relamía la salsa que resbalaba por el coño de su amiga, entreteniéndose con su lengua en todos los rincones de la entrepierna. Todos bebimos cava en los zapatos de Amparo, que acabó con media botella metida en el coño, y yo les hice a las dos un cortadito, eyaculando en sus cafés.

Tras la cena subimos todos al coche de Luis. Ellas dos iban casi desnudas, sin ropa interior, con botas altas y ajustadas de gran tacón. Amparo con un collar de cuero con una anilla para enganchar una cadenita, y un vestidito ceñido, que más bien parecía una camiseta, que dejaba la mitad de sus nalgas al descubierto. Esther llevaba una minifalda igual de corta que la de su amiga, y una camiseta ajustada semitransparente, que dejaba su ombligo al aire. Las llevamos a una callecita estrecha y oscura, cerca de la Gran Vía, y las hicimos bajar. Entonces me dirigí a ellas.

- Vamos a jugar a algo muy divertido, ahora sois dos prostitutas, no hay más que veros, os metéis muy bien en el papel. Luis y yo volveremos dentro de un rato, ganará quien consiga ofertarse por la cantidad más cara, siempre que sea aceptada, claro. Hasta luego preciosas.

- Oye Jorge, ¿no les pasará nada malo, verdad?

- No lo sé, ese barrio no es muy aconsejable si eres una mujer casada y te paseas sola por ahí con el bolso. Pero ellas ahora son dos putas, están en el sitio adecuado.

Las dos chicas se refugiaron en la entrada de un portal. No tardó en detenerse el primer “cliente”.

- Hola princesas, cuanto me cobraríais por una mamada.

Amparo contestó

- 200 € amorcito.

- ¿Las dos verdad? ¡Que cachondas, 200 pavos! ¡Anda y que os den por el culo, guarras!

La calle estaba muy transitada. Las dos comentaron que el único problema podría ser que las reconociera algún vecino o amigo, o un profesor de sus hijos, por ejemplo. Al momento se aproximaron dos extranjeros, parecían de algún país del este, muy musculados, hablaban poco el castellano pero se hicieron entender rápidamente. Esta vez contestó Esther, se levanto la corta falda, enseñando su chocho peladito y se subió la camiseta dejando sus pechos al aire. Mientras se acariciaba el coño dijo:

- Esta mercancía la podéis disfrutar por 300 € cada uno, guapos.

Hablaron entre ellos y le ofrecieron 400 pavos.

- Esto por estar con las dos.

- Mmmmm, de acuerdo, pero solo media hora (dijo Esther)

Amparo replicó:

- ¡¡Estas loca, nos van a follar de verdad!!, además estamos de oferta ¿no?.

- Pues creo que sí, y me encanta la idea, dejaremos a nuestros maridos de piedra ¿No querían que jugáramos a ser putas? El precio es el mismo que le has pedido tú al viejo de antes, así que no te quejes.

- ¡Pero era por una mamada, ahora nos van a joder por donde quieran, y no les conocemos de nada!.

- Tranquila, últimamente tengo experiencia en eso de los desconocidos, ya te contaré. ¡Vamos chicos! ¿Tenéis coche o entramos al portal?

Los tipos las cogieron de la cintura y entraron en el patio del viejo edificio.

Enseguida las obligaron a arrodillarse y desenfundaron sus sables. Amparo, ya desinhibida, se abría el culo con las manos rogando que se lo follaran, mientras, devoraba la polla del más alto hasta el fondo de su garganta. Su amiga no tuvo tiempo de chupar, se vio aprisionada contra la pared y con la polla del otro bestia metida en su coño, hasta tocarle el cuello del útero.

Los hombres fueron cambiando, de tía y de agujero y al final se corrieron en las preciosas caras de las dos amigas. Les tiraron los 400 € en el suelo y las dejaron allí besándose, saboreando el esperma que resbalaba por sus caras y acariciándose los pechos, calmando su calentura.

Las encontramos en la calle, en el mismo lugar donde las dejamos. Veníamos de tomarnos unas cervezas tan tranquilos, paramos delante de ellas y por la ventanilla les dijimos.

- ¡Eh zorras! ¿Cuanto vale un polvo con vosotras?

- 200 € media hora (replicó Amparo mientras reían las dos).

Luis contestó:

- Joder que precios, menos mal que están buenas. Venga subid al coche, ha acabado el asalto.

Luis continuó:

- ¿Ese es el precio más caro que han aceptado Amparo?

- Si amor mío.

- ¿Y que excusa has puesto para no hacer nada al final?

- Ninguna, no se me ha ocurrido nada.

- Pero entonces…

Esther interrumpió:

- Igual lo entendimos mal, creíamos que teníamos que hacer de putas y eso hemos hecho. Además el precio ha sido el mismo para las dos. Lo malo es que no nos han pagado, nos han follado y engañado como a dos tontas.

- Joder Jorge, estas tías son un par de guarras de medalla de oro. Se las han tirado dos puteros de barrio bajo, y gratis.

Esther susurró al oído de su amiga:

-Conozco una tienda de bolsos que te va a encantar, nos compraremos uno el próximo sábado con la renta de nuestro coño, jijijijijiji.

Llegamos con el coche a un barrio periférico de la capital, y paramos en una calle cualquiera. Detuve el motor y me dirigí a las chicas.

-Bueno nenas, hemos llegado al sitio.

-¿A dónde? ¿Qué sitio?

-A una sala de baile. Dan clases, creo.

Las luces del local se veían parpadear al final de la acera. Al salir del coche pudimos oír la música que salía del local, era salsa, y por el rumor de voces que la acompañaba parecía que el ambiente era bastante animado. En la puerta un grupo de tres chicos mulatos permanecía sentado sobre el capó de un coche.

-No sabía que te gustaba la salsa. -dijo Luis-

-No me gusta, pero a ellas creo que sí, en todo caso el profesor se encargará de que les guste.

Hacía unas horas que hablé con Alfredo, el camarero cubano del hotel que se folló a mi señora y que se quedó con la servilleta perfumada con su coñito, en la que ella escribió mi teléfono. Me dijo que no había parado de contar lo sucedido a todos sus amigos desde que salió de la habitación del hotel, y más aún desde que Esther llegase desnuda al bar y le diera un morreo mientras le sobaba los huevos por encima del pantalón. Raro era el amigo que creía lo que Alfredo les contaba, aunque todos le pedían que les presentara a esa zorra para poder tirársela. Cuando hablamos por segunda vez, ya había reclutado a los necesarios como para organizar la fiesta privada que deseaba regalar a las chicas.

Alfredo era un tipo atractivo y simpático, tenía muchos amigos, y muchos de ellos eran mulatos como él, dominicanos y cubanos. Trabajaba en la sala de baile dando clases de salsa, y no le resultó complicado negociar con el dueño el cierre de la sala para celebrar esa noche una sesión especial, que por supuesto pagué generosamente. Las condiciones que le puse al mulato eran muy simples, los invitados tenían que ser mulatos o negros como él y de su confianza. No quería problemas, gente rallada, ni malos rollos. Las chicas tenían que ser bien tratadas al principio, después vía libre, aunque sin hacerles daño.

Los chicos de la puerta miraban a nuestras mujeres, sonriendo con toda su cara, sin importarles que fuéramos Luis y yo junto a ellas. Al darse cuenta de que íbamos a entrar se levantaron y nos interrumpieron el paso. Uno de ellos se dirigió a nosotros:

-Perdonad, pero se celebra una fiesta privada y esta noche no se puede entrar sin invitación.

-Perdona tú, no me he presentado, soy Jorge.

-¿Jorge? Tu nombre no me dice nada.

-Traigo a las chicas, dile a Alfredo que estamos aquí.

-Ah!, ¡Las chicas! ¡Joder hermanos, han llegado las chicas! Son mucho más guapas de lo que esperábamos. Adentro señoritas, por favor. -dijo mientras daba sendas palmadas en los culos de nuestras chicas-.

A Luis y a mi nos miraron y se rieron, murmurando algo que no conseguimos entender, y nos dejaron pasar.

Entramos los cuatro al local, Esther y Amparo se dieron cuenta enseguida de que eran las únicas hembras allí dentro.

-¿A dónde nos habéis traído cabrones? – Dijo Amparo-

-Hemos hablado de fantasías sexuales muchas veces. Sabemos de sobra que tanto a Esther como a ti os encantaría follar con un mulato, y también ser folladas por muchos hombres, esta noche combinamos las dos fantasías en esta bonita fiesta.

-Pero estáis locos, ¡aquí hay más de 50 tíos! –Siguió hablando Amparo-

-Seguramente, ya he perdido la cuenta -Interrumpió Alfredo-

-Holaaaaaaaa guapo, nos volvemos a ver –contestó Esther-. ¿Nos invitas a algo a Amparo y a mi?

-Claro que si princesa, a las dos, venid que os presente a unos amigos.

Alfredo las cogió de la cintura, más bien del trasero, y las llevó a una zona de sofás, donde tomaban copas varios chicos. Los tíos no se levantaron de sus asientos, de modo que nuestras chicas tuvieron que agacharse para besarles.

Luis y yo nos sentamos en una mesa, los dos solos, al fondo de la sala, preparados para ver el espectáculo.

Si las presentaron a doce mulatos, doce veces que mi preciosa mujer y su amiga pusieron el culo en pompa y enseñaron su almejita depilada. Esther, la muy zorra, aprovecho el saludo para morrearse con todos ellos, metiéndoles la lengua hasta la campanilla. Finalmente se sentaron entre los chicos, sin cuidado de juntar las piernas, dejando a la vista sus mojadas vulvas. Antes de que les llevaran las copas ya tenían manos y lenguas por todos lados.

Los mulatos no se molestaron ni en hablar con ellas, Alfredo les tenía bien informados de lo que era capaz de hacer Esther y supongo que pensaron que su amiga sería igual de guarra. Empezaron a comerles el coñito y a acariciar sus pechos sin ni siquiera quitarles la ropa. Al cabo de unos minutos un montón de tíos comenzaron a menearse sus pollas esperando su turno mientras observaban a las dos zorras abiertas de piernas, con sus conejos húmedos de flujo y saliva, y chupando las oscuras estacas sin parar. Era difícil ver la blanca piel de mi señora o de su amiga entre tanto tío color chocolate.

No tardaron mucho en comenzar a follárselas, las pollas iban de una a otra, poco importaba a que agujero. Amparo cogía las pichas con la mano, se las sacaba del coño y las dirigía a su hambriento ojete. Las dos pedían las corridas en su boca, hambrientas de esperma, pero algunos de los muchachos no podían evitar correrse dentro de sus cálidos agujeros.

Luis se levantó y se aproximó a mi mujer, se hizo sitio entre los morenos y comenzó a menearse la polla frente a la cara de mi esposa, ella no le prestó la menor atención, prefirió seguir disfrutando de los rabos negros, mucho más largos y gruesos que el de Luis o el mío. La humillación que sintió Luis aún le excitó más y se corrió en la cara de Esther. Eso abrió la veda de eyaculaciones en las dulces caritas de las dos chicas.

Las muy furcias se pusieron a cuatro patas sobre unos cojines, y empezaron a besarse y a relamer el semen que goteaba por sus caras. Mientras, ofrecían sus culos bien abiertos a todo el personal.

Me perdí el gang bang del hotel en directo, pero ahora tenía butaca preferente para ver a un montón de tíos, con enormes pollas, llenándole el culo de semen a mi esposa.

Luis y yo decidimos salir a tomar el aire para bajar el calentón, no sin antes tranquilizar a Alfredo al decirle que podían seguir haciendo lo que quisieran con ellas hasta que acabara la fiesta. Cuando volvimos, tras más de dos horas, vimos a Alfredo solo, junto a nuestras mujeres tumbadas en los cojines, que disfrutaban lamiéndose las cara y los pechos, el conejito, el culo y los muslos, la una a la otra, tragando cualquier rastro de leche que podían encontrar.

Se vistieron y las llevamos al coche. Las muy putas pusieron la tapicería perdida con todo lo que salía de sus maltratados y dilatados agujeros. Era tarde y al día siguiente tenían que volver a la rutina

1 comentario:

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